Por José Cano
Los últimos datos sobre la actividad industrial vuelven a poner sobre la mesa las dificultades que atraviesan las empresas argentinas, especialmente las pequeñas y medianas. La Unión Industrial Argentina (UIA) viene señalando problemas vinculados con la caída de la actividad, el empleo, los costos y las dificultades de financiamiento.
El relato oficial puede concentrarse en los indicadores macroeconómicos y el equilibrio de las cuentas públicas. Pero, desde la mirada del interior productivo, el desafío consiste en observar qué ocurre con quienes todos los días tienen que producir, vender, pagar salarios, afrontar impuestos y sostener sus empresas.
Una industria que todavía no logra recuperarse
Los relevamientos de la UIA muestran que una parte importante del entramado industrial continúa atravesando dificultades.
En las mediciones sobre empresas, el 49,7% declaró una caída de sus ventas internas, mientras que el 42,9% redujo su producción. Estos indicadores reflejan que la recuperación de la actividad no alcanza de manera homogénea a todos los sectores y empresas.
La propia UIA señaló recientemente que la producción industrial medida por el INDEC registró en julio una caída interanual del 4,9%, con descensos en 12 de los 16 sectores que integran el Índice de Producción Industrial manufacturero.
Para Cano, estos números deben analizarse más allá de las variables macroeconómicas y en relación con las condiciones concretas que enfrentan las empresas productivas.
El mercado interno y la competencia importada
Uno de los principales problemas señalados por las empresas es la evolución de la demanda interna. Cuando las ventas disminuyen, las industrias tienen menos margen para absorber sus costos y sostener los niveles de producción.
A esto se suma, según el planteo de Cano, el impacto que puede tener una mayor apertura comercial sobre las fábricas nacionales cuando todavía persisten costos elevados y dificultades para competir.
La UIA también incorporó a su agenda el problema de la competencia desleal y el contrabando. La entidad cuenta con un informe específico sobre el impacto de estas prácticas en la industria y plantea la necesidad de fortalecer los mecanismos de defensa comercial.
Desde esta perspectiva, Cano sostiene que abrir la economía sin avanzar simultáneamente sobre los costos que enfrentan las empresas locales puede profundizar las dificultades de las pymes industriales.
El peso de los costos sobre quienes producen
La columna también pone el foco en la estructura de costos que deben afrontar las empresas.
Para Cano, las decisiones tributarias y económicas tienen efectos diferentes según el sector y el tamaño de cada compañía. En ese sentido, cuestiona que algunas medidas de alivio hayan alcanzado a determinados sectores mientras que las pymes continúan enfrentando una combinación de impuestos, costos logísticos, energía, financiamiento y cargas laborales.
El planteo apunta especialmente a las empresas del interior, donde los costos de transporte y logística pueden tener una incidencia significativa sobre el precio final de los productos y sobre la posibilidad de competir con bienes provenientes de otras regiones o del exterior.
La propia UIA viene reclamando modificaciones en distintos aspectos de la estructura de costos. En septiembre, la entidad presentó ante la Subsecretaría PyME una serie de propuestas vinculadas con la presión fiscal, el financiamiento y otras dificultades que afectan al sector.
RIGI, grandes inversiones y el desafío de las pymes
Otro de los ejes planteados por Cano es la diferencia entre los incentivos destinados a grandes proyectos de inversión y las herramientas disponibles para las pequeñas y medianas empresas.
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) establece beneficios tributarios, aduaneros y cambiarios para proyectos que cumplen con determinadas condiciones.
En su análisis, Cano plantea que las pymes deberían contar con instrumentos que les permitan acceder a condiciones más favorables para invertir, modernizar sus estructuras y desarrollar proveedores locales.
El planteo también forma parte de una discusión que atraviesa actualmente a la propia UIA. La entidad analizó en junio el impacto del denominado “Súper RIGI” sobre el desarrollo de proveedores nacionales y sostuvo que, más allá de los regímenes de excepción para atraer inversiones, el desafío de fondo es mejorar las condiciones en las que opera el conjunto de la industria.
Qué propone Cano para recuperar la actividad
Frente a este escenario, la columna plantea una serie de medidas destinadas a mejorar las condiciones de producción.
Entre ellas, Cano propone facilitar el acceso al crédito productivo con tasas razonables, generar mayor previsibilidad en los costos energéticos y avanzar en un alivio fiscal para las empresas.
También plantea reforzar los controles frente al dumping, el contrabando y otras formas de competencia desleal, con el objetivo de evitar que productos comercializados en condiciones consideradas irregulares profundicen las dificultades de las industrias nacionales.
El legislador sostiene que estas medidas deberían formar parte de una estrategia más amplia para sostener a las pymes y preservar el entramado productivo de las provincias.
El desafío de sostener el interior productivo
Para Cano, el debate industrial no puede limitarse a los indicadores de crecimiento, inflación o equilibrio fiscal. El eje de su planteo está puesto en cómo esas variables se traducen en las condiciones concretas para producir y generar empleo.
Los últimos pronunciamientos de la UIA muestran que la preocupación alcanza a distintos sectores y regiones. La entidad señaló en septiembre la persistencia de dificultades vinculadas con la actividad, el empleo y los costos que afectan la competitividad.
La discusión, entonces, queda planteada entre la necesidad de sostener la estabilidad macroeconómica y el desafío de generar condiciones que permitan a las empresas industriales —especialmente las pymes del interior— mantener su producción, invertir y competir.


