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martes, marzo 9, 2021
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ROSANNA FALASCA, “ LA PRINCESA DEL TANGO”

En el auge de su carrera, los bellos ojos de Rosanna Falasca se cerraron para siempre un 20 de febrero de 1983 tras luchar contra una cruel enfermedad cuando tenía apenas 29 años. Su figura se instaló tan fuerte que logró que su inconfundible voz quedase perpetuada en los recuerdos de los que la disfrutaron en cada presentación durante la década del 70 y hasta tres meses antes de morir.

Había nacido en Humboldt, Santa Fe, el 27 de abril de 1953 fue la tercera de seis hijos (Cristina, Ado, Rosanna, Daniel, Roberto y Marcelo) que nacieron del matrimonio entre Ado Rino Falasca (sastre y cantor melódico que actuaba en dúos y que llegó a tener su propio conjunto musical) y Filomena Paula Theler fue el padre quien  introdujo en la casa la música y cuando la pequeña Chany, como apodaban a Rosanna, tenía 10 años se dio cuenta que tenía una bella voz grave con impostación natural para cantar, muy poco común para la edad.

Fue así que la hizo participar de su recorrida musical que incluía giras por los pueblos vecinos, presentaciones en radios y programas de tevé, y más tarde pasaron los límites de la provincia y llegaron a Entre Ríos y Córdoba. En cada escenario la talentosa jovencita se ganaba el cariño y admiración de la audiencia. Fue en una de esas presentaciones que realizó junto al grupo Adito y Chany en Rafaela (Santa Fe) cuando un productor que la escuchó le propuso a su padre que la llevara a probar suerte a Buenos Aires. De allí en adelante vendrían las giras por pueblos vecinos, y las actuaciones en programas radiales (LT 9 de Santa Fe) y televisivos (Canal 13 de Santa Fe y de Paraná).

Era amante de la música moderna, la filosofía oriental y practicaba yoga. Además,  estudió inglés, francés y danzas. En 1967 se presentó como invitada en Canal 10 de Córdoba, y gracias a esta actuación fue contratada para presentarse en 1968, en el “Gran Festival de Río Ceballos” (Córdoba), donde actuaban grandes figuras del ambiente artístico de la Argentina. 

En esa oportunidad Rosanna interpretó temas populares, y entre ellos, algunos en italiano. 

Luego, en enero de 1969, se presentó en  Rafaela (provincia de Santa Fe), donde la escucha un productor (Julio De Martino) que la invita a Buenos Aires. En marzo de 1969 arriba a la Capital Federal. Allí, es invitada a presentarse en el café concert “Cabo 710”, en el barrio de San Telmo

Si bien, Rosanna tenía repertorio melódico, que hasta incluía canzonettas italianas, se presentó en agosto de 1969 en el concurso del exitoso programa de Canal 9, “Grandes valores del tango” en esos años conducido por Juan Carlos Thorry.

Rosanna conocía solamente dos tangos y decidió concursar cantando el que más sabía, “Madreselva”, que luego se convertiría en uno de los primeros en grabar de manera profesional. Simplemente deslumbró. 

Ganó la primera ronda y dejó perplejos a todos. El público y los productores del programa quedaron tan deslumbrados por la joven que decidieron sacarla del concurso y hacerla parte del staff de cantores con un contrato de 4 años. Su debut oficial como cantante de tango fue el 1 de septiembre de 1969.

A los 17 años, Rosanna grabó Todo es amor, su primer disco de estudio que incluía La canción de Buenos Aires, Uno y su tema preferido y que la consagró, Madreselva. 

Un año más tarde, cuando tenía 18 años tuvo el gran bautismo, al ser considerada como una verdadera “Princesa del tango”, apodo que generó el propio público. Luego de realizar presentaciones en Uruguay, extendió sus giras por el continente, en especial por Centroamérica.

En 1971 debutó en cine en con la película “¡Arriba juventud!”, dirigida por Leo Fleider, y la actuación de Noemí del Castillo, Fidel Pintos, Eddie Pequenino y Vicente Rubino, con música de Sandro, Oscar Anderle y Francisco Canaro. Dos años más tarde participó en “Siempre fuimos compañeros”, junto a Donald, Hugo del Carril, Fernando Siro, Irma Roy y Vicente Rubino. En 1976,  cerró su etapa actoral con “Te necesito tanto, amor”, dirigida por Julio Saraceni, y un elenco integrado por Elio Roca, Elizabeth Killian, Nelly Panizza, Jorge Barreiro y Rodolfo Ranni.

En 1975, Rosanna se suma a la prestigiosa orquesta de Raúl Garello con quien más adelante graba las recordadas versiones de “Nostalgias” y “La última curda”. Este último tango antes había sido versionado nada menos que por la orquesta de Anibal Troilo con la voz de Roberto Goyeneche el 7 de mayo de 1963. Ella le puso su sello junto a Garello para EMI-Odeon el 16 de julio de 1976. Algunos de los tangos grabados en ese sello“Adiós pampa mía”, “Te quiero”, “Cada vez que me recuerdes”, “Con las pocas palabras”, “Quedémonos aquí”; “Serenta a mi guitarra”, “Soledad”, “Una canción”, “Pero yo sé”, “El último organito”, “Nostalgias” y “La última curda”. La santafesina le colocó su rótulo personal junto a Garello el 16 de julio de 1976, para EMI Odeón.

Antes, en 1971 dejó una extraordinaria versión de Balada para un loco, la maravillosa composición de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer que fue grabada por Amelita Baltar el 16 de noviembre de 1969.

En 1978 fue convocada para sumarse a la “Cruzada Joven del Tango, un proyecto musical que pretendía acercar a los jóvenes a la música ciudadana. Allí compartía espacio con María Graña (otra voz privilegiada)  y Rubén Juárez el famoso bandoneón blanco, entre otros. 

La idea no causó efecto y no perduró, pero Rosanna pasó a formar parte del programa televisiva Botica de Tango, conducido por Eduardo Bergara Leumann, donde cantó sin saberlo, por última vez, este era un programa televisivo que se emitía los días viernes en la noche, realmente por el pasaban grandes artistas, cantantes, orquestas y bailarines.

Por último en 1982, con la empresa discográfica Polydor graba sus dos últimos larga duración con el acompañamiento de Orlando Trípodi, dirigiendo orquesta y cuarteto. Entre otros registros, quedaron para el recuerdo: “Sur”, “El pañuelito”, “Bien criolla y bien porteña” y “La cumparsita”.

En esa ocasión, se ganó al público local con un hermoso timbre vocal, de un caudal generoso y una rica musicalidad en el canto. Supo ser sensible y temperamental en cada interpretación, que enriqueció con su personalidad escénica, quizá beneficiada por su belleza y calidez.

El 7 de noviembre de 1982 le detectaron un cáncer de cuello de útero y fue intervenida de inmediato. Los rumores sobre la salud de la consagrada joven estrella comenzaron a circular y ella se vio obligada a desmentirlo en una entrevista: “No tengo cáncer”, aseguró. 

A principios de 1983, Rosanna fue trasladada por su novio junto a su familia a una quinta en Don Torcuato para ayudarla a recuperarse, pero la agonía comenzaba. La maravillosa voz de Rosanna se apagaba lentamente y sus cautivantes ojos celestes miraron el cielo por última vez el 20 de febrero de 1983

Al día siguiente fue despedida por una multitud que acompañó sus restos hasta el panteón de actores del cementerio porteño de la Chacarita donde permaneció hasta abril de 1995 cuando, por pedido de su familia, sus restos fueron trasladados a un mausoleo levantado para ella en el cementerio de Humboldt, provincia de Santa Fe, su pueblo natal y también tiene el pueblo una calle que lleva su nombre. 

Unos diez años más tarde un señor bien mayor, cabello blanco, de hablar suave, se presentó espontáneamente en mi programa radial Siempre el tango, comentó Néstor Pinzón. Era Ado Falasca, su padre. No quiso reportajes ni que hiciera notar su presencia, sólo venía a entregarme un casete con diez temas cantados por su hija. Tampoco pidió que lo pasáramos, ni siquiera lo insinuó. Pasaron unos pocos minutos y se fue. No se trató de un reconocimiento especial hacia mí, la misma actitud tuvo con otros programas tangueros. Simplemente, era un respetuoso intento que no se olvidara el nombre de su hija. Tampoco, su paso por el tango y por la vida. 

“Cuando Rosanna cantaba habría mucho la boca: era por su garra y su virtud de transmitir sentimientos. Además, siempre sonreía, no para los camarógrafos, sino para la gente”, describe su padre. Por último, se remonta a una anécdota cuando ya su hija llevaba dos meses de convalecencia: “Estábamos en la quinta de Tortuguitas, cerca de la pileta. Ella, junto a su novio, ambos sentados a la mesa. Y me dijo: “Papá, por qué no venís y me cantás ‘La mentirosa’, esa hermosa ranchera de Padula y Lito Bayardo. Entonces tuve que sobreponerme al máximo, porque le ocultábamos la enfermedad que tenía. Tanto dolor no se puede olvidar. Fui y le canté, acompañado por uno de mis hijos en el acordeón. Le canté toda la letra. Pareció que ella me hubiese ayudado, simplemente porque yo estaba con el corazón destrozado”.

Ventana del Norte

 Ing. Aldo O. Escobar 

                                                                                                      

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