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viernes, septiembre 17, 2021
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HECTOR MAURÉ

Mauré era hijo de descendiente de italianos, su padre fue agente de policía, primero, y después obrero en una fábrica de mosaicos, su madre era gallega, de Lugo, y era la encargada de la casa donde vivían, tuvo una hermana menor, Valentina, que también incursionó en el canto, utilizando el seudónimo de Diana Rey y luego, como bolerista en la orquesta de Don Fabián, como Alba Morena, nació en el barrio de Palermo un 13 de marzo de 1920, y su verdadero nombre Vicente José Tito Falivene, fue un cantante y compositor de tango, y además fue cantor de la orquesta de Juan D’Arienzo desde 1940 a 1944

El colegio duró lo necesario, a los 17 años tuvo que comenzar a trabajar en un taller mecánico de automóviles, en ese tiempo se manifiestan sus inclinaciones hacia dos disciplinas diametralmente opuestas, el boxeo y el canto, tenía un físico llamativo y le gustaban los deportes, los guantes los practicaba en el Boxing Club Colegiales, que quedaba muy cerca de su casa. Desde 1933 a 1937, el poco dinero que ganaba lo ganó boxeando, hasta que un golpe lo hizo abandonar la actividad para dedicarse solamente el canto.

En 1936, por gestión de unos amigos, se presentó en el café Río De La Plata, que quedaba frente al monumento al Cid Campeador, en la esquina de las avenidas Ángel Gallardo y Honorio Pueyrredón, allí debutó usando el nombre Tito Falivene y estuvo actuando durante tres meses, posteriormente cantó en un festival, que se desarrolló en el cine Argentino del barrio de Palermo, acompañado por las guitarras de Osvaldo Avena, Pablo Rechia y Antonio Ianigro, en 1937 tiene la suerte de ser acompañado por la orquesta de Anselmo Aieta, en un local dentro de la Exposición Rural, en el predio que actualmente existe frente a Plaza Italia en Palermo.

En ese mismo año, continúa su carrera con la Orquesta Característica Porteña, dirigida por Dante Liguori, al poco tiempo, participa del segundo concurso auspiciado por el jabón Puloil, que se desarrollaba en Radio Belgrano y tenía 5000 inscriptos, de los cuales se seleccionaban las diez voces nuevas del año 1938, el concurso anterior lo había ganado el cantor Hugo Gutiérrez, siendo el segundo premio para Andrés Falgás.

La elección se definía con el voto de los oyentes que superaron los 200.000, a los participantes los acompañaban la orquesta de Juan Canaro y las guitarras de Vila, Ciaccio y Cortese, nuestro joven aspirante se presentó como Vicente Falivene y cantó dos tangos, “Lo han visto con otra” y “Confesión”; finalmente resultó ganador, el premio consistía en seis meses de actuación a 500 pesos por mes, como dato curioso, del resto de los seleccionados, solo podemos destacar a Chola Luna y en un plano menor a Laurita Esquivel, el resto no trascendió.

A raíz del retiro del cantor Carlos Casares de la orquesta de Juan D’Arienzo, el director inicia una búsqueda para su reemplazo, la prueba se hizo en la sala “B” de Radio El Mundo, donde concurrieron numerosos aspirantes, casi al final, le tocó el turno a Héctor y, acompañado al piano por Fulvio Salamanca, ya cansado de tanto trajín, cantó el tango de Pedro Maffia y Celedonio Flores “La mariposa”, Fulvio cansado al escucharlo se reanimó y miró hacia arriba, donde estaba D’Arienzo, entonces alentó al muchacho: «¡Dale pibe, que ya te compraste al maestro!».

Como era de suponer, el debut se produciría en el reducto habitual del director, el cabaret Chantecler, en esa oportunidad comienza a utilizar su nombre artístico Héctor, por Héctor Varela, primer bandoneón y arreglador de la orquesta y Mauré, pensando en la esposa de D’Arienzo, que se apellidaba Maure, solo le agregó el acento.

El 12 de diciembre de 1940 hace su debut en el disco con el vals de Juan Carlos Graviz “Flor de mal”, del otro lado “Esclavas blancas” de Horacio Pettorossi, cantado por Alberto Reynal. Su última grabación con D’Arienzo fue el 21 de julio de 1944, con el tango “Amarras” (de Carlos Marchisio y Carmelo Santiago), fueron en total 50 registros.

El primero de enero de 1945 comienza su labor como solista, actuando en Radio Belgrano, con orquesta propia dirigida por el bandoneonista Alberto Cima, también actuó con los conjuntos de guitarras de José Canet y de Roberto Grela.

Su éxito era muy grande y prácticamente no hubo día que no tuviera trabajo, se presentó en todos los pueblos y también en Uruguay, a fines de 1949 es tentado por Juan Canaro y se embarca rumbo a Francia, pero las desavenencias con el director llegaron antes que el debut. Regresó frustrado, pero con el saldo positivo de haber tomado unas clases con Andrés  Santana, que era el primer bajo de la Opera de París.

Cada uno tiene sus propias dotes, su carma, dirían los hindúes; su carisma, decimos los católicos, o quizás los viejos dirían era el destino, Mauré atendió el suyo y tuvo todo el éxito esperable de la situación que el tango confrontaba entonces, su primer representante artístico fue el famoso comediante Fidel Pintos.

En la época de los cabarés, de las orquestas modernas, que tocaban sobre los arreglos de Galván, de Piazzolla, de Artola; cuando los cantautores que cambiaban de estado artístico se rodeaban de músicos bien dirigidos y de arregladores estudiosos, Mauré, si bien se valió de un bandoneonista de buena performance (Alberto Cima, que en 1929 había estado en Europa con la orquesta de Cátulo Castillo), volvió a las guitarras del tango gardeliano, como quien vuelve a las fuentes del canto. 

Hemos creado con Cima esta orquesta para traer una nueva expresión del tango… Pero entiéndase bien, sin que el tango deje de ser tango, se casó en 1953 con Susana Esther Bassini, vivió en Buenos Aires y unos años más tarde adquirió su casa propia en la ciudad de Ituzaingó (a unos 22 kilómetros del centro de Buenos Aires, por la zona oeste). Fue padre de tres hijas, las cuales dos de ellas se casaron y tiempo después dieron nietos al cantante, Emiliano y Lorena.

Lo que aportaba Mauré a esa renovación del tango era una voz poderosa y viril, un acento másculo, una escuela de cantor poco menos que imperfectible, el dominio de los matices, el tesoro de una musicalidad envidiable, con ese bagaje nada desdeñable marchó hacia su destino, como Gardel, debió luchar contra un físico rebelde, el exceso de cigarrillo le produjo una angina de pecho equivocó la estrategia, de todos modos, fue lo que quiso ser, sólo que a él le costó más que a otros.

En 1955, el peronismo fue derrocado por la dictadura autodenominada Revolución Libertadora de 1955, a raíz de la persecución de la dictadura del general Pedro Eugenio Aramburu debió abandonar su profesión, y tangueros de la talla de Hugo del CarrilNelly Omar, Héctor Mauré, Anita PalmeroChola Luna, entre otros, fueron perseguidos por sus ideas políticas y prácticamente nunca más volvieron a trabajar, tras la caída de la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu, él pudo regresar y hasta su fallecimiento continuó presentándose en diversos festivales y recitales. ​

En 1960 comienza lentamente a desaparecer el tango de la radio y la televisión, las empresas son tentadas a dar paso a nuevos ritmos, de tantos sitios donde Mauré se presentó en ese entonces, debemos recordar El Rincón de los Artistas, lo regenteaba Antonio Forastiero y su señora Virginia, pocos años después, falleció Antonio y la posta la recogió su hijo Jorge Forastiero, reducto que defendió hasta las últimas consecuencias la difusión del tango y, donde además, Héctor Mauré debutara el 7 de noviembre de 1965 y fuera artista exclusivo hasta el 9 de mayo de 1976, tres días más tarde, imprevistamente, en su casa, un infarto al miocardio ponía fin a su existencia.

Sus interpretaciones de los tangos “Amarras”, “Cicatrices” y “Cosas olvidadas”, están impresas en la antología del mejor tango, por su voz cálida, su espíritu gardeliano y su impronta de porteño cabal, dejó 293 grabaciones para los sellos Víctor, Orfeo, Columbia y Music Hall, además de los músicos ya mencionados, fue acompañado por las orquestas de Carlos DemaríaJuan Sánchez GorioHéctor Varela, Lito Escarso, Jorge Dragone, Leopoldo Federico y también un conjunto propio dirigido por Pascual Elía.  

Felizmente Mauré grabó mucho, y se lo escuchará siempre, porque cada uno de sus discos es una escuela de canto, los tangueros del año 2021 los escucharán con devoción; con la misma devoción con que los escuchamos ahora quienes sabemos que, si la tanguedad es algo muy complejo, el Maurerismo es uno de sus ingredientes.

Ing. Aldo O. Escobar

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