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miércoles, mayo 18, 2022
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EDGARDO DONATO, “UN URUGUAYO TRUCHO”

Edgardo Donato nació en Buenos Aires; un 14 de abril de 1897, cuyo nombre completo era Edgardo Felipe Valerio Donato, era hijo del matrimonio formado por los inmigrantes italianos Egilda Carfagna y Ernesto Donato, el matrimonio tuvo nueve hijos, de los cuales tres fueron músicos. Ascanio chelista y compositor, Osvaldo, pianista y compositor y Edgardo Felipe Valerio, violinista, que fue un director de orquestacompositor y violinista argentino considerado una importante figura vinculado al Tango.

Edgardo Donato nació en el barrio de San Cristóbal ubicado al sur del centro de la ciudad de Buenos Aires, en lo que es hoy la avenida Belgrano 1657  y era muy pequeño cuando su familia se trasladó a vivir a Montevideo. Apenas cursado el 5° grado de la escuela primaria debe dejarla para trabajar en un taller de esculturas. Estudió música desde los ocho años, primero con su padre y luego en el conservatorio “Franz Liszt” con el maestro Camilo Giucci.

A los 18 años decidió dedicarse por entero a la música y durante cuatro años trabajó dedicado a la música lírica como violinista junto a su padre, lo que dejó para colaborar como violinista en el hotel Severi e ingresar en la orquesta que dirigía el bandoneonista argentino José Quevedo, que estaba de paso por Montevideo con un conjunto en el actuaba como pianista Enrique Delfino. Poco después ingresó en la orquesta de jazz del pianista Carlos Warren (primera orquesta de jazz del Uruguay), con la que actuó en los cines Capitol y Trianón y en el Parque Hotel. 

A los 21 años ya estaba para largarse al profesionalismo. Comienza con su padre en la lírica, usando cuello duro y mucha seriedad, él que era y fue toda su vida un humorista impenitente, inclusive cuando tocaba el violín.

Simultáneamente se incorporaba los días jueves a la orquesta de Eduardo Arolas, que viajaba desde Buenos Aires. En esa época traba relación con el violinista uruguayo Roberto Zerrillo con el que más adelante configuraría un dúo excepcional.

En 1922 compuso el tango “Julián”, dedicado al baterista uruguayo Julián González y le pidió a José Panizza, colaborador de la revista El fogón que le pusiera letra, la que resultó modesta pero cargada de erotismo y con su dosis de humor. 

En charla personal con el violinista Reynaldo Nichele, solía manifestar a las risotadas, lo negro y feo que era Julián, él en realidad era un baterista, compañero suyo en cabarets de mala muerte.

Inicialmente no consiguió que se lo editaran ni que se lo compraran, por lo que debió editarlo por su cuenta. Dos años después se lo ofreció a la cantante Rosita Quiroga, quien lo rechazó. El tango fue entonces a manos de la actriz, cantante y bataclana Iris Marga quien lo estrenó en la revista ¿Quién dijo miedo? que representaba la compañía de Roberto Cayol en el teatro Maipo de Buenos Aires y lo lanzó al éxito. Poco después fue grabado por Rosita Quiroga, lo que aumentó su difusión. 

A todo esto Edgardo Donato seguía actuando en las dos capitales del Plata y fue así que estuvo en la inauguración del cabaret Tabarís de Buenos Aires y amenizando bailes en el club Uruguayo, de Montevideo, con la orquesta de José Domingo Pécora

También intervino como pianista en Radio Paradizábal de Montevideo, como violinista en el conjunto de Adolfo Carabelli en el cine Ópera, reemplazó a Julio De Caro en sus actuaciones en Ciro’s y trabajó en el cine Select Buen Orden en el conjunto de Roque Citro. En esta misma época hay actuaciones de una agrupación formada por los tres hermanos Donato más batería, saxo y bandoneón en el café Avenida, donde su camino cruzó el del diplomático y autor teatral uruguayo Carlos César Lenzi.

Individualmente fueron numerosos los artistas uruguayos dedicados al tango en nuestro país que se destacaron. No ocurrió lo mismo con las formaciones musicales. Sólo hubo excepciones: el caso del cuarteto Alonso-Minotto, con la salvedad que su labor fue exclusivamente discográfica y el binomio de los violinistas Edgardo Donato y Roberto Zerrillo, con la aclaración de que el primero era argentino, con residencia en la ciudad de Montevideo.

El destacado y respetado músico uruguayo Héctor Artola, con un agudo sentido crítico, supo decir: «La ciudad de Buenos Aires, es la única ciudad en el mundo donde se toca bien el tango, incluida Montevideo».

Donato seguía componiendo, y así en 1923 se suceden los tangos Corazoncito de oro, Beba y Muchacho, a todos los cuales puso letra Celedonio Flores. En 1925 Lenzi le entregó una letra que, al decir de José Gobello es “más lupanaria que erótica” Se trataba del tango “A media luz” que sería uno de los más grabados mundialmente en la historia del género, que fue estrenado en Montevideo, en la revista musical Su majestad la revista, con la voz de la vedette chilena Lucy Clory, que enseguida fue registrado por FirpoCanaro y Gardel, iniciando la serie de grabaciones realizadas por los más diversos artistas en el mundo, este tango “A media luz lo compuse durante un viaje en tranvía”, solía decir.

En 1927 organizó junto a Roberto Zerrillo una orquesta que codirigieron bajo el rubro Donato-Zerrillo, formada por ellos en violines más el concurso de Héctor María ArtolaJosé Roque Turturiello y Héctor Gentile en bandoneones, Armando Julio Piovani como violinista y cantor, Osvaldo Donato en el piano, Ascanio Donato en el violonchelo y Antonio Bancalá en contrabajo. Tras su debut el 14 de julio de 1927 en el cine Avenida de Montevideo, actuando también en la temporada estival de 1928 en el hotel Carrasco, en los teatros Urquiza y Solís, en el cine Parlante y en el cabaret Chantecler, con notable suceso, fueron contratados para una temporada en el cine Select Lavalle de Buenos Aires. Posteriormente José Spera reemplazó a Artola cuando este partió hacia Europa y se incorporó el cantor Luis Díaz.

A todo esto, su tango Hasta luego con letra de Carlos Álvarez Pintos obtuvo el segundo premio en el Gran Concurso organizado por la grabadora Odeón en el teatro Urquiza de Montevideo.

La Orquesta Típica criolla Donato-Zerrillo, que era anunciada como “Los 9 ases del tango, la más formidable orquesta típica criolla que jamás se ha escuchado”, debutó en Buenos Aires el 18 de marzo de 1928. Actuó en los teatros Smart, Nacional y L’Aiglon y en LOV Radio “Brusa” y LOK y realizó sus primeras grabaciones para el sello Brunswick. De esa época es el tango “Se va la vida” que componen Donato y Zerrillo con versos de Luis Mario (seudónimo de la poetisa María Luisa Carnelli), que fue éxito en la voz de Azucena Maizani y de Agustín Magaldi

En 1930, después de una breve gira junto a Azucena Maizani, el rubro se disolvió amigablemente, Donato se quedó con la orquesta en Buenos Aires en tanto Zerrillo marchó a continuar su actividad en Chile. Se produjo entonces un cambio de estilo, hay un mayor lucimiento de los solistas, con arreglos especiales para el bandoneón en el que se destacaba José Roque Turturiello y un estilo marcado netamente bailable. Las intervenciones de Donato como solista mostraban su estilo alegre de ejecución, jugando con la caja, el arco y las cuerdas. Así por ejemplo se lo veía tocar moviendo la caja del violín mientras sostenía el arco en posición vertical apoyado en la rodilla.

Si tuviéramos que comparar la orquesta Donato-Zerrillo con la posterior de Edgardo Donato, observaríamos que la primera era un conjunto musicalmente más contenido, con una marcación pausada y con pasajes escasos para el lucimiento de los instrumentos solistas. En cambio, la orquesta de Edgardo Donato tenía un fraseo envuelto en un mayor dinamismo, donde se notaba el predominio de los bandoneones, y las frecuentes intervenciones de Donato como ejecutante solista. El director fue un cabal exponente del estilo instaurado por El Pibe Ernesto, es decir por Ernesto Ponzio. Completa esta descripción, las acrobacias musicales que Donato realizaba, junto con sus famosos pizzicatos.

La orquesta actuó en la inauguración del cine Broadway, volvió en 1931al Select Lavalle para pasar luego al Rialto, en el barrio de Flores y trabajó en diversas radios. Hacia fines de 1931 amenizaba bailables en el teatro San Martín, que eran transmitidos por LS9, radio La Voz del Aire, con una orquesta gigante.

En el concurso realizado en 1932 por la Sociedad de Beneficencia en el teatro Colón Donato obtuvo el segundo premio con el tango “El huracán”, compuesto en colaboración con su hermano Osvaldo y al que luego se le adosó la letra de Nolo López. Al año siguiente en el Campeonato Nacional del Tango realizado en el Luna Park la orquesta fue consagrada por votación popular en el segundo lugar detrás del conjunto de Julio De Caro. También pasó por la orquesta de Donato el por entonces novel cantor Hugo del Carril que en 1935 grabó La caída de la estantería, de Donato y Rubistein.

Donato siguió con actuaciones radiofónicas en LR8, Radio Prieto y La Voz del Aire y en 1934 se incorpora Antonio Maida como su nuevo cantor. En 1935 compuso la música del filme Riachuelo y el tango del mismo nombre cantado por Alberto Gómez obtiene gran éxito. Donato incorporó a su orquesta tanguera una modalidad distinta, que más adelante desarrolló con éxito Enrique Rodríguez, con el agregado de piezas de otros ritmos, como foxtrotspasodobles y rancheras. Es así que entre 1934 y 1935 con la voz de Antonio Maida grabó piezas como los pasodobles Sandia calada y Noches sevillanas y las rancheras Abandonada, De ande yerba, Ensalada mixta y Pa semejante candil, además de los tangos Quién más, quién menos, Riachuelo tema de la película homónima y Ruego, todos por Maida a dúo con el violinista de la orquesta Armando Julio Piovani que en esa labor tomaba el nombre de “Randona”. Grabaron en total 24 temas. ​

La orquesta de Edgardo Donato fue una de las que intervino en la película ¡Tango!, de 1933, la primera totalmente sonora en la historia del cine argentino. El mismo año, aparece también, en el film Los tres berretines, donde actúan Luis Sandrini, Luis Arata y Luisa Vehil. Compone temas para el cine, destacándose la música de las películas Riachuelo, Picaflor y Así es el tango.

En 1938, ya con la cancionista María de la Fuente, además de las actuaciones en Radio Stentor y Radio El Mundo animó bailes en el Palacio Salvo de Montevideo y en el O’Key Club de Buenos Aires. En 1940 animó los bailes de Carnaval del Pueyrredón en el barrio de Flores.

En 1944 actuó con su orquesta en la confitería Arco Iris y formó un cuarteto evocativo -Los caballeros del recuerdo-, con Francisco Pracánico, en el piano, Anselmo Aieta, en el bandoneón y Domingo Donnaruma y el mismo Donato en violines, dedicado a la ejecución de obras de la Guardia Vieja. En 1945 dejó el sello RCA Victor para pasar a grabar para Pampa.

En 1948 apareció en la exitosa película Pelota de trapo con el cantor Oscar Fuentes. En 1950 actuó en el Tango Bar, en 1951 en el café Marzotto y en 1955 reapareció por Radio El Mundo con el cantor Oscar Peralta.

Cuando ya hacía tiempo que se había retirado de la actividad, falleció el 15 de febrero de 1963 de un infarto agudo de miocardio.

A lo largo de su carrera Edgardo Donato grabó más de 400 obras. Para el sello Brunswick registró más de 130 obras, el 9 de diciembre de 1932 pasó a la Victor, donde permaneció hasta el final, salvo un breve paso por el sello Pampa.

Compuso más de doscientas obras, algunas de las cuales se consideran verdaderos clásicos del género como ya dijimos, “A media luz”, “Julián”, “Muchacho”, “El huracán”, y otros, también importantes, como “Se va la vida”, “Por mi viejita”, “El acomodo”, “Mi serenata”, “Beba”, “Volvé”, “Cartón ligador”, “Riachuelo”, “Pobre soñador”, “El lengue”, “Bigotito”, “Se va la lancha”, “Pensalo bien”, entre otros.

Donato poseía un lenguaje musical muy particular, esencialmente rítmico, y la suya fue una orquesta preocupada, ante todo, por ejecuciones apropiadas para los bailarines. Este juicio en manera alguna va en desmedro de sus méritos y así José Gobello dice que “quizás la fama de Donato sea inferior a la que merece un grande del tango como fue. Sin duda que contra este grande conspiró la circunstancia de que cuando él triunfaba el número de grandes era también muy grande”​

Créditos: El Litoral

La suya fue una orquesta bailable, sin mayores pretensiones estilísticas, de acuerdo a su temperamento alegre y distraído. Se decía que «vivía en la luna». Sus distracciones fueron famosas, algunas reales y otras inventadas por su fama. Una muy graciosa contada por su hija es la siguiente: Donato viajaba en tranvía y se encuentra con un amigo, se ponen a charlar y al rato bajan del transporte. Caminan, y luego de un tiempo recuerda que se olvidó que su esposa lo estaba acompañando y que evidentemente quedó arriba del tranvía.
Otra anécdota curiosa ocurrió cuando comentó como le gustaría contar con el cantor Adolfo Rivas, al que estaba escuchando en ese instante, en una sala de grabación. Se había olvidado que el vocalista ya estaba en la orquesta, esperando a Donato para grabar.

Ventana del Norte

Ing. Aldo O. Escobar

                                                                                                                  

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