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viernes, septiembre 17, 2021
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ANIBAL “PICHUCO” TROILO

Segunda Parte

Espero que sea del agrado de todos los tangueros el desarrollo de la vida de este músico – compositor, y hoy vamos a finalizar; recuperando el diálogo de ayer, decimos que de esa mezcla rara con Piazzola, “Pichuco” sintió orgullo en designarlo su arreglador, Troilo siempre le recordaba a Piazzola, “la gente quiere bailar, no perdamos el baile, porque si perdemos la milonga, sonamos”, sus formaciones orquestales contaron con cantantes de renombre como Edmundo RiveroRoberto Goyeneche y Elba Berón.

Una vez  sumado el gran Astor Piazzolla, “el Gato” como lo llamaba “Pichuco”, quien con su impecable estilística, tanto como bandoneonista y como arreglador, aportaría a la orquesta de Troilo un caudal interpretativo único. A lo largo de los años en que duró su orquesta, la cual se convirtió en una de las más requeridas para los bailes en los clubes más importantes de Buenos Aires.

El proceso de composición de “Pichuco”, pasaba por una letra que le gustaba, y decía “Entonces la mastico, la aprendo de memoria  ¡Todo el día la tengo en la cabeza, es como si la fuera envolviendo en la música! es muy importante para mí lo que dice la letra de una canción”.

Un jovencísimo Astor Piazzolla vivió desde adentro la cultura de la orquesta, la noche, los boliches y hasta los recelos de sus compañeros, fue parte del conjunto de Troilo entre 1939 y 1944 y son célebres las anécdotas de “Pichuco” borrando una parte de sus arreglos para no desviar la atención de los bailarines, al embrujo del éxito danzable de D`Arienzo, el sonido más picado de la orquesta en ese momento no admitía otro influjo.

Esa relación de amor y también de algunas broncas entre Troilo y Piazzolla quedó plasmada en la honda emoción del disco Suite troileana, tras la muerte de “Pichuco”, más que un tema, Astor necesitó todo un disco para expresarle su afecto y más de una vez lo definió como “un monstruo de la intuición”. 

Es que en los arreglos Troilo tuvo grandes arregladores, a los que respetó en sus orquestaciones, pero siempre se reservó el derecho de usar su famosa gomita de lápiz, con la que desechaba algunos compases que no se ajustaban a su sensibilidad, también sabía perfectamente lo que quería sin ser un orquestador y para eso contó con un elenco de lujo, Artola, Galván, Stamponi, Plaza, Rovira y Garello.

Con su orquesta que fue grande (cuyos integrantes fueron variando muchísimo) trabajó casi ininterrumpidamente, tanto en presentaciones en vivo como en grabaciones, hasta el año de su muerte, 1975, desde 1953 hasta mediados de los años 60, Troilo mantuvo durante un tiempo una actividad musical paralela a la de su orquesta en dúo junto al guitarrista Roberto Grela, que después se convirtió en el Cuarteto Troilo – Grela, en 1968, ya distanciado de Grela, formó su propio cuarteto, además de esto, Troilo grabó dos temas (El motivo y Volver) a dúo de bandoneones junto a Ástor Piazzolla.

Dato para los fanáticos de Troilo, en un edificio de la calle Maipú número 359 en la ciudad de Buenos Aires, existe una placa en la que se lee, ” Aquí funcionó desde fines de la década del ’30 hasta fines de la década del ’80, el famoso local de baile y canto del tango MARABU”, Troilo debutó con su Orquesta Típica el 1° de Julio de 1937 siendo su cantante Francisco Florentino, que también se hizo cargo del vestuario del conjunto dada su experiencia previa en el oficio de sastre.

En la entrada del Cabaret había un cartél que decía, “Todo el mundo al Marabú/ la boite de más alto rango/donde “Pichuco” y su orquesta/ hará bailar buenos tangos”. El Marabú fue, a la vez, el escenario elegido por “Pichuco” cuando en el año de 1940 se presenta con Astor Piazzolla.

La placa que se muestra en la parte de arriba fue otorgada el día 1° de Julio de 1997 por la Asociación Gardeliana Argentina, para conmemorar los 60 años de haber debutado Aníbal Troilo “Pichuco” con su Orquesta Típica en el escenario del Cabaret Marabú, éste cerró sus puertas en 1965 y volvió a abrirlas en el mes de Mayo de 1984, esta vez por un corto tiempo y en esta reinauguración se presentó en escena otro de los grandes del tango, Osvaldo Pugliese.

Tiempo antes de morir, Troilo dijo: “Uno no se muere de golpe, se va muriendo de a poco, con cada amigo que desaparece y así llega un momento en que de “Pichuco” no queda nada”, como una forma de despedida a la vida, que tanto le costó pero que valió la pena, la biografía aleja también algunos de los mitos alrededor de la imagen pública de Troilo. 

Diversos historiadores sindican a Troilo como adicto al alcohol y a la cocaína, siendo él quien sugiere el agregado de letra al tango “Los Dopados”. “Se habló mucho de sus ausencias y de su incumplimiento en los contratos, sucedía que ‘el Gordo’ en la última etapa de su vida la pasaba mal, sufría de gota en un pie”. 

El 17 de mayo de 1975, un día antes de su muerte, en el teatro Odeón, fue su última actuación., el espectáculo se titulaba “Simplemente Pichuco” y se escucharon “Danzarín”, “A mis viejos”, “La última curda”, “Sur”, “Discepolín”, “Una canción”,  “Mi tango triste”, “Pa’que bailen los muchachos”, dedicada a “La Máquina” del club de sus amores, River Plate, (la integraban Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera y Angel Labruna, y Felix Loustau la que ganó 10 títulos oficiales durante los años 40).

En el año del centenario del nacimiento del bandoneón mayor, Ernesto Baffa, Juan Carlos Caviello, Néstor Marconi, Julio Pane, Roberto Alvarez, Lautaro Greco y la joven Lisette Groso (de apenas 14 años), entre otros, apoyaron sobre sus piernas el fuelle Doble A que perteneciera a Pichuco (y que Raúl Garello conservó durante treinta años), reviviendo a uno de los autores más importantes de la década dorada del tango. 

Bajo el nombre de “Troilo compositor”, el concierto fue ideado por el periodista especializado y coleccionista Gabriel Soria, quien en 2012 coordinó un disco en el que “grandes maestros” interpretaron en solo de bandoneón su propio arreglo de un tema de Troilo.

Aníbal Troilo y Astor Piazzolla en el año1951

Sin embargo, la propuesta de este concierto fue cruzar en el escenario a tres generaciones de bandoneonistas, no sólo a aquellos que tocaron en la orquesta de Troilo o compartieron música con él, fue interesante, entonces, ver a la joven Lisette presentada como “la bandoneonista profesional más joven de esa generación”, después de interpretar en fuelle y voz “Toda mi vida”, traer de la mano a Juan Carlos Caviello, quien sorprendió con una canción inédita llamada “A Pichuco Troilo”. 

El joven Lautaro Greco hizo suyo “Contrabajeando”, la única pieza que Troilo y Piazzolla compusieron juntos, en 1953, la curiosidad de la noche tuvo lugar cuando salió a escena el oriental Yuki Okumura, quien interpretó “A la guardia nueva”, de 1955, como si por sus venas corriera sangre criolla. 

Las piezas fueron tocadas en orden cronológico, desde “Medianoche” (1933), interpretada por Alberto Garralda, hasta “La última curda” (1956), de la mano de Ernesto Marconi. No podía faltar, por supuesto, un párrafo para el club de sus amores, River Plate, entonces, Julio Pane se encargó de “Pa’ que bailen los muchachos” “El destino de este bandoneón es el escenario y la inmortalidad”, dijo Raúl Garello, y sintetizó el espíritu del concierto. 

Se refería a uno de los cuatro fueyes de Pichuco, que su esposa Zita le regaló a Garello al morir su marido, en 1975, tres décadas después, el arreglador donó el instrumento a la Academia Nacional del Tango con la condición de que nunca dejara de sonar. 

Sobre el escenario, Garello tuvo la enorme responsabilidad de tocar “Sur”, tal vez uno de los temas más populares de Pichuco, Ernesto Baffa, en tanto, revivió las lágrimas que Pichuco volcó en 1951 sobre “Responso”, una pieza dedicada al letrista Homero Manzi. 

Pero no sólo hubo música arriba del escenario. Un emocionado Juan Carlos Copes junto a su hija Johana bailaron “Milonga de la azotea”, Gabriel Soria cuenta que Troilo, cuando terminaba un tango o una milonga, llamaba a alguna pareja para asegurarse de que se pudiera bailar, “Los bailarines le estamos muy agradecidos, porque aportó muchas piezas bailables”, es lo que comentó Copes.

El Bandoneón Mayor de Buenos Aires murió el 18 de mayo de 1975, a causa de un derrame cerebral y sucesivos paros cardíacos; se había levantado ese domingo y le informa a su mujer que no se sentía bien y al medio día fue internado de urgencia en la sala de terapia intensiva del Hospital Italiano, se encuentra sepultado en el Rincón de los Notables del cementerio de la Chacarita, al lado de otros grosos del tango Agustín Magaldi y Roberto Goyeneche.

Ing. Aldo O. Escobar

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