La investigación por el crimen de Érika Antonella Álvarez sumó un testimonio que resulta fundamental. Justina Gordillo declaró ante la Justicia provincial. Ella era la pareja sentimental de Felipe “El Militar” Sosa, quien es el principal imputado. La mujer reveló detalles sobre la escena donde habría ocurrido el asesinato el 7 de enero. Además, describió crudamente la conflictiva relación que ambos mantenían en la intimidad.
La escena en Yerba Buena
Gordillo se presentó a declarar formalmente ante el fiscal Pedro Gallo. La testigo relató qué encontró al regresar a la casa de Santo Domingo al 1.100. Explicó que la vivienda estaba limpia el miércoles al mediodía, salvo una mesa del living. Ese mueble presentaba manchas de vasos y muchísimos cigarrillos. Además, le llamó poderosamente la atención que las habitaciones de las niñas estuvieran cerradas.
El misterioso celular rosa
Durante su extensa declaración, la mujer aportó un dato que podría ser crucial. Aseguró haber visto un teléfono celular rosa que no conocía previamente. Según su relato, Sosa le entregó ese dispositivo a un hombre que llegó al lugar. Por la noche, el acusado se sentía muy mal, transpiraba excesivamente y terminó vomitando. Gordillo mencionó que el imputado realizó varias llamadas mientras ella intentaba dormir allí.
Una relación atravesada por la violencia
La testigo también detalló cómo era el vínculo con Sosa durante los dos años de noviazgo. Lo describió como una persona sumamente cambiante y con graves problemas de adicciones. Gordillo denunció que sufría violencia verbal, humillaciones constantes y fuertes peleas recurrentes. El hombre solía relacionarse con otras mujeres y le contaba sobre esos encuentros íntimos. Finalmente, aclaró que ella jamás conoció a la víctima ni tuvo ningún tipo de contacto.


