La producción orgánica y sostenible cada día se vuelve más importante. Los mercados, a medida que pasa el tiempo, se vuelven más exigentes en cuanto al origen de los alimentos y la forma en que fueron producidos.
Un grupo familiar tucumano hizo un cambio radical y a la vanguardia, pasando de una producción convencional de cítricos y caña de azúcar a la forma orgánica.
Se trata de dos empresas manejadas por la misma familia. Una de ellas se dedica a la producción agrícola, donde 65% de la superficie está destinada al cultivo de limón orgánico y otro porcentaje para naranja, mandarina y palta. Además cuenta con producción de caña de azúcar de la cual, el 60% es orgánica y el resto convencional.
La otra empresa es la que se encarga de la exportación y el empaque de la fruta. “La idea es poder controlar todo el proceso desde la producción hasta la comercialización”, comentó para Suena a Campo Carolina Sigstad, hija de los fundadores.
Cabe destacar la diferencia entre una producción amigable con el medio ambiente y segura para el consumo, de la orgánica que es la que lleva una certificación que avala los productos y da garantías de la forma en que fueron creados. En este sentido, Sigstad explicó que las frutas son orgánicas, certificadas por normas internacionales, y que para llegar a ello fue un proceso largo y difícil.
Consultada por la decisión radical que tomó la familia de cambiar la forma de producir, comentó que fue su padre, Juan Sigstad, el ideólogo de pasar a los cultivos orgánicos. Desde los inicios él se dedicó a la parte técnica de la empresa y su madre a la parte comercial y administrativa
“Hoy nos encargamos con mis hermanas, cada una con distintas funciones. Apoyamos el proyecto orgánico. Hicimos desarrollo de marca y alianzas comerciales” señaló, Carolina Sigstad.
El mayor desafío para la familia fue aprender sobre la marcha ya que en ese momento, las producciones orgánicas no estaban muy estudiadas ni experimentadas a nivel empresarial. De hecho, en Argentina fueron pioneros en producir cítricos orgánicos. “Fueron muchos años de prueba y error. En consecuencia, la posibilidad de mayores ganancias disminuyó considerablemente”.
El gran interrogante se presenta a la hora del manejo de los cultivos para la prevención y control de plagas y enfermedades de la zona. Lo que sucede es que se utilizan microorganismos benéficos que contrarrestan la acción de los patógenos. Por otro lado para alimentar estos microorganismos benéficos se elabora compost hecho de cachaza, vinaza y los restos de las podas que se realizan todos los años y a la vez se evita la quema.
Si bien el rendimiento en cuanto a kilogramos producidos es un tanto menor a la producción convencional, los costos son significativamente menores porque se prescinde de agroquímicos. “Lo que se busca a futuro es poder llegar a iguales a rendimientos”, destacó Sigstad.
El principal problema en Argentina en materia de producción orgánica es la falta de regulación con otros países, principalmente la Unión Europea y Estados Unidos que son los principales mercados. “Hoy el mercado al que se puede exportar es Canadá. Y esperamos que pronto salgan las regulaciones faltantes para entrar en otros países”.
En Argentina aún son pocas las provincias demandantes de este tipo de productos orgánicos. Las que más consumen son Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. Mientras que en Tucumán paradójicamente todavía no hay mercado.
Fuente: Suena a Campo



