La inseguridad de siempre, la impotencia constante de los tucumanos, no nos asombra otra muerte por robo pero si nos duele porque sabemos que puede ser cualquiera mañana. Observamos  una policía descuartizada y desorientada, sin las herramientas necesarias para combatir a una delincuencia armada, y cuando digo armada no solo me refiero a las armas que portan y si a las influencias que los protege.

Es común oír en la fuerza policial que ellos hacen lo que pueden, pero en la justicia hacen lo que quieren, y eso está relacionado a la impunidad con la que se manejan los delincuentes ante el poder judicial. En dicho poder prevalecen los favores excesivos dándole privilegios a quienes corren en contra de la ley.

Hace un tiempo la sociedad tuvo que soportar la liberación de muchos presos que en vez de purgar sus penas en la cárcel fueron liberados con el argumento de la pandemia, como si fuese que los ciudadanos de bien no solo padecemos la pandemia sino también los hechos que se cobran vidas en manos de estos repudiables individuos. 

De qué sirve la persecución policial si la condena es vulnerable, de qué sirve el rol de la justicia si lo que imparten son libertades en vez de penas para los transgresores. La culpa de los tres poderes está en no oír y menos coincidir cuando la gente les dice que es insuficiente lo que proponen. Como corolario ,o nos cuidan bien o nos cuidamos nosotros y eso será el final, el final seguramente de los derechos de vida, de paz y de convivencia, será una guerra que solo los responsables de los poderes pueden y deben evitar.

Williams Fanlo

willyucr@gmail.com

Ventana del Norte

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