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domingo, febrero 1, 2026
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TITO REYES, “EL CANTOR DE LAS ESQUINAS”

Veamos este personaje artísticamente llamado Tito Reyes, que había nacido en el barrio de Puente Alsina, (Avellaneda) era hijo de Rosario Lardaro, una napolitana que trabajaba de lavandera y vivía con sus 6 hermanos mayores en una casa de madera y chapa que había hecho su padre Luis y que estaba elevada un metro y medio sobre el nivel del suelo, porque en esa época la zona se inundaba muy frecuentemente cuando llovía, sus padres se conocieron en Italia, se casaron y viajaron a la Argentina, y llegó a este mundo un 28 de febrero de 1928, su verdadero nombre era Tito Cosme Sconza, quién había nacido en una antigua casona donde sonaban “canzonettas grises de ausencia”, por su origen italiano,

¿Quién fue? te preguntarás, en el catastro tanguero quedará registrado como el último cantor de la orquesta del legendario bandoneonista Aníbal Troilo, Pichuco, con gran acierto, esta formación fue conocida en los medios como “la orquesta de los cantores”, y la lista lo ratifica, nada menos que Francisco Fiorentino, Alberto Marino, Floreal Ruiz, Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche, Ángel Cárdenas, Roberto Rufino, Elba Berón o Nelly Vázquez pusieron su voz al servicio del conjunto. 

A esta enorme selección solo faltaba Tito Reyes, que tuvo el honor de cerrar la nómina de estos juglares, para los que Troilo supo amoldar la orquesta con el fin de que lucieran plenas sus condiciones vocales, cuando Tito Reyes debutó con la orquesta de Pichuco, éste le diría, “Tenías que haber nacido 20 años antes”, refiriéndose a su estilo bien porteño. 

Desde muy chico conoció el tango escuchando un programa de Radio Colonia dedicado a las grabaciones de Carlos Gardel “cada tango de Gardel era una terrible clase de vocalización”, rememora años después y de esa forma aprendió a cantar. 

Frecuentaba el café La Colmena, que estaba a dos cuadras de su casa, y allí en el club Resplandor, que habían fundado, cuando ya era cantor de Troilo al interpretar Un tango para el recuerdo cambió en la letra del tango, perteneciente a Antonio Cantó, sustituyendo “Tradición” por “Resplandor” y cuando el autor se lo señaló como un error le contestó: «El tango es tuyo, pero al club lo elijo yo».​

En ese café los viernes y sábados solía haber cantores y un día Reyes se largó a cantar para el público, gustó, comenzó a ser llamado para dar serenatas y también cantaba en otros cafés, simultáneamente trabajaba y fue ayudante de zapatero, empleado en un corralón de materiales y aprendió el oficio de soldador laburando en la empresa metalúrgica Tamet; también hacía trabajos con un hermano, que era constructor, nunca dejó de trabajar porque consideraba que el café y el canto eran solamente un entretenimiento. ​

A los 15 años descubrió que cantar podría ser su medio de vida y con el guitarrista Héctor Arbello se largaron a cantar por locales del interior del país recibiendo lo que los asistentes quisieran retribuirle al “pasar el platito”. 

Roberto Grela y Tito Reyes

Y un 6 de enero, a principios de los años cincuenta, dejé de lado el apellido familiar y adopté mi nombre artístico” el Tito Reyes, ya de vuelta en Buenos Aires trabajó en varieté y en la Confitería El Olmo del barrio de Once, donde aprendió mucho con Azucena Maizani, con la que trabajaba en el lugar, luego pasó a cantar a una cantina de los hermanos Caló llamada El Vinacho que estaba en Talcahuano, entre Avenida Corrientes y Lavalle. ​

Fue así fogueando su personalidad tanguera un estilo bien porteño hasta que lo contrató Roberto Caló para cantar en su orquesta, etapa en la que produce su primera grabación, el tango “Frente al espejo”, que lo destacó en forma inmediata, al que siguieron “Tango argentino” y “Nápoles de mi amor”. ​

Una noche en el varieté de San Juan y Boedo llegó su debut junto a otros primerizos, su periplo por las cantinas culminó cuando lo oyó Roberto Caló, quien en el año 50´ conducía una popular y bailarina agrupación, y se sintió atraído por el “rioba” y arrabal de Tito. 

En 1960 actuó con el bandoneonísta Joaquín de Reyes y grabó “Cuatro pasos en las nubes”, hasta que, en 1963, Aníbal Troilo lo convocó para cubrir la plaza del Polaco Goyeneche junto a Roberto Rufino, Pichuco, que era un águila para elegir cantores, pensó en él una velada de bailables, ante la incredulidad de muchos, que no atinaban a entender cómo Tito se atrevía a ocupar la plaza de Fiore, Rivero, Marino o Floreal, pero no se asustó con los duendes, identificándose con el maestro en sus matices, silencios y ternura.

Y como les dije en el año 1963 llegó a la orquesta de Aníbal Troilo contratado inicialmente para trabajar en el Teatro Odeón, tanto en una como en otra orquesta sus directores privilegiaban tangos en los que la poesía tuviera gran calidad, estuvo con Troilo, incluyendo actuaciones en BrasilNueva York y Washington D.C., hasta 1975 y dejó registrados 23 temas, entre los que estaban éxitos como la milonga El conventillo.

Once años estuvo con Troilo logrando éxitos notables “Yo soy del 30´”, “El conventillo”, “Che bandoneón”, radio, TV, teatros y largas madrugadas de copas y amigos junto a Pichuco y sus malas telúricas.

Decía Tito Reyes sobre Troilo: “Mi presencia dentro de la orquesta fue un golpe muy fuerte para mí, porque yo era un «cantor de esquinas» y no podía olvidar aquellos fantasmas que estaban detrás de mí, esos grandes cantantes que tuvo Troilo, la influencia de Pichuco sobre mi personalidad, sin que él se lo propusiera, logró vencer mis aflicciones, porque el clima que creaba la orquesta para acompañar al cantor me iba llevando solito hacia lo que él buscaba…en ella, jamás se golpearon los instrumentos”. 

“No se buscaba el efectismo golpeando el bandoneón, pegando patadas en el suelo, simplemente se apuntaba a la sonoridad…utilizaba mucho…los matices exagerados, o sea, haciendo un pianissimo en una parte profunda de la letra, para después rematar, cosa que no había hecho antes ninguna orquesta”. 

“Uno podía cantar a media voz, con sentimiento y la orquesta a su vez hacía la pausa y todo el mundo bajaba los decibeles de su instrumentación, también, cuando se hacía un solo, toda la orquesta bajaba la potencia, el tango…no tenía arrebato, tenía fuertes y pianissimos. Troilo fue un talento en varios aspectos…como compositor es extraordinario y como director es el verdadero Gran Director de Orquesta…recibía la orquestación y le daba el clima que correspondía a la obra, borraba cosas que el orquestador había puesto o le agregaba otras”

Un día de 1975 a “el gordo” se le piantó  a frecuentar vaya a saber qué cosa, creo que por efecto del alcohol o la blanca y Tito quedó solo, allí se le vino la “malaria” en serio y tuvo que vender relojes para subsistir, casi veinte años pasó guardado, como un buen vino, en cavas oscuras y templadas, y fue Litto Nebbia quién lo impulsó a grabar en Melopea, y obtuvo el premio ACE, salvo sus éxitos pocas cosas cambiaron para él, continuó bandoneando tangos igual que en su “cuna maleva”, para solaz de quienes lo admiraban.

Después de su etapa con Troilo hizo presentaciones en la tanguería Caño 14, registró un disco con Ernesto Baffa y en 2004 fue entrevistado para la película documental Los guardianes del ángel. Formó parte del elenco de “La Fama es puro Cuento” en la esquina “Homero Manzi” junto a Delfor Medina, Silvia Peyrou, Gaby “la voz sensual del tango” y Francisco Llanos, el guion fue realizado por el escritor balcarceño José Valle.

El último año Tito Reyes hizo ciclos de actuaciones en el local Pigmalión y también se presentó dentro del programa de bares notables, organizado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, pero la salud de este cantante había empeorado en el último tiempo, el agravamiento de sus problemas respiratorios lo habían obligado a una internación en el Hospital Piñero. Falleció en el Hospital Pirovano de Buenos Aires, el 9 de mayo de 2007, por una infección pulmonar, cuando tenía 79 años.

Ing. Aldo Escobar

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