A medida que avanza el ciclo lectivo, las escuelas deben adaptar sus protocolos a más cuestiones que van apareciendo como necesidad. Una de ellas son los quioscos, enemigos constantes del distanciamiento social al que nos vemos obligados por la pandemia. Afuera, hace tiempo que no se ve a los vendedores que comúnmente esperaban a los chicos a la entrada y a la salida de clases.
“El protocolo que estableció el COE habla de aulas, recreos, entre otras cuestiones, pero no dice absolutamente nada de los quioscos, razón por la cual no incorporamos aún a nuestra planificación a la cantina del colegio”, señala Sandra Mansilla, directora del Gymnasium de la UNT (25 de Mayo 621). “En nuestro caso, como es una escuela pública y la mayoría viene mediante el sistema público de transporte, estamos pensando en no hacer jornadas reducidas porque tenemos que minimizar los días en que vengan los chicos, entonces tenemos jornadas completas y acá los quioscos aparecen como una necesidad”, explica.
Por el momento, cada chico llevaría a su vianda para refrigerarla en la institución hasta que llegue la hora del almuerzo, aunque no se les permitiría compartir. Y es que la escuela tiene un régimen de autodisciplina: sin cuidadores, sin preceptores. Entonces, “hasta que tengamos garantizado que los chicos han internalizado el protocolo de bioseguridad, no podemos generar una actividad que genere riesgo”. Por lo tanto, según explica la directora, en una primera etapa no habilitarían la cantina.
El infectólogo Julio López Mañán sostiene que el problema de los quioscos no es que haya peligro en los alimentos. “El riesgo de infección por el virus a través de productos alimenticios, alimentos envasados y bolsas es muy bajo, tampoco hay peligro de transmisión en la preparación de alimentos (como los sándwiches). El riesgo mayor de los quioscos es la aglomeración que se puede formar en los chicos que se amontonan para comprar sin respetar distancias de un metro y medio”, señala.
En el Colegio Sagrado Corazón (25 de Mayo 680) el protocolo del momento recreativo se basa en burbujas separadas por horario en un patio al aire libre. “Los recreos son escalonados de manera en que no haya aglomeraciones en los quioscos ni en el patio, ya que tenemos 12 grupos diferentes”, explica la directora, Norma Ruiz de Macció, y destaca que hay consideraciones hacia los alumnos en cuanto a las demoras posibles para el uso de los baños y los quioscos, que son tres, están al aire libre y con las correspondientes señalizaciones y recursos de bioseguridad.
Por otro lado, una de las metodologías que han adoptado en esa institución para la enseñanza es la transmisión en vivo de las clases presenciales para los alumnos que no deban o puedan estar presentes en el salón, aunque sólo dos familias han optado por mantener a los alumnos en la virtualidad hasta ver cómo continúa la situación sanitaria en general.
En otras instituciones educativas la situación de los quioscos es diferente: el Centro Educativo Franciscano no tendrá la variante del quiosco este año; en la dirección de la escuela Bernardino Rivadavia comentan que actualmente no está abierto el quiosco de la institución por cuestiones comerciales internas.
Fuente: La Gaceta



