“No se trataba de mí, sino que de mi hija “: el inspirador mensaje de la mamá de una niña con TEA

"No podía centrarme en lo que me pasaba a mí o en mis sentimientos": Fabiana Cruz explicó cómo pudo usar el amor por su hija y el estudio para aprender una importante lección sobre el espectro autista.

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En el ciclo de conferencias de la Exposición de conocimiento monterizo (Expo.Co.M) que se realizaron el 26 de agosto por la tarde en el cine teatro Marconi, cinco disertantes hablaron ante todo un público juvenil buscando inspirarlos continuar formándose después del secundario, y para mostrarles a partir de su ejemplo cómo es posible transformar su propia realidad gracias al esfuerzo y a los estudios.

En esta cuarta edición, no faltaron las figuras de los y las docentes, entre ellos, Fabiana del Valle Cruz, una monteriza de 48 años que tenía un fuerte mensaje para darles a todos con su charla “Cuando el amor te salva”:

“Si mi vida fuera una película llevaría este nombre. Mi hermana Graciela y yo desde la infancia sabíamos que seríamos maestras, porque mi madre, consiente de las limitaciones económicas que teníamos, así lo decidió siempre” arrancó la exposición de Fabiana.

“En el año 1991 me recibo de maestra de grado, siendo abanderada. ‘Cuando se nace pobre, estudiar es el mayor acto de rebeldía contra el sistema’ dice Tomas Bulat, hoy estoy parada aquí frente ustedes porque así lo hice, me revelé ante el sistema. Una vez terminada mi carrera de maestra de grado, inmediatamente empecé a estudiar para ser profesora de nivel inicial. Me propuse ser directora, y quería serlo de joven. Estudié dos carreras más, una de ellas universitaria. De ese momento de mi vida, recuerdo a mi mamá que cada noche me dejaba sobre la mesa de la cocina un termo de agua caliente para que yo tomara mates en la noches de estudio y convencía a mi hermana de que se vaya a dormir temprano para que yo tuviera silencio y tranquilidad pues trabajaba todo el día y estudiaba por las noches”, se acuerda, evocando los años 90.

El año pasado me recibí de especialista en pedagogía y este año ya estoy con la tesis de mi licenciatura en pedagogía. El estudio fue siempre el compañero más leal que tuve, siempre estuvo ahí. Cuando decidí ayudar, fue mi amigo más leal y permanente” contó.

Ser docente es tener los ojos llenos de alegría y de esperanza

“Esta frase tan real estaba impresa en el diploma que nos entregaron cuando nos recibimos de maestras de grado. Trabajé a lo largo y ancho de toda la provincia, tengo miles de experiencias para contar, cortes de rutas, experiencias de mis alumnos. Recuerdo a Cristian, un alumno que no hablaba. Hoy sé que seguramente tenía un trastorno llamado mutismo selectivo, antes no lo sabía. Soy una persona insistente, diría cargosa. Con Cristian insistía, sus compañeros me contaron que él no hablaba. Un día como a los 4 meses de clases tomé las carpetas de todos para corregir. Me di cuenta de que Cristian no tenía carátulas para cada materia. Él no tenía quien se las haga, su mamá los había abandonado desde chiquitos y su papá trabajaba todo el día para mantener a todos los hermanitos. Así que se las hice yo. Supongamos que él se llamaba Cristian Javier, y yo en la carátula le puse al revés, Javier Cristian. Él me miraba, agarró las carpetas, se dio vuelta, me miró y me dijo ‘yo no me llamó Javier Cristian, yo me llamo Cristian Javier’. Lo miré y le sonreí porque era la primera vez que lo escuchaba hablar. Todo el curso lo aplaudía. Desde ese momento siempre teníamos algo de qué hablar. Cristian me había elegido para comunicarse. Desde ese día sé que todos los  niños solo necesitan un adulto que crea y confié en ellos. Yo  creí en Cristian y el confió en mí”, recuerda.

La llegada de Constanza y el planeta pata arriba

La maternidad fue uno de los sueños más largamente acariciados por mí. Si hay algo que siempre quise ser es madre. Durante muchos años soñé serlo, y es un sueño que se hizo esperar muchos años. De hecho, a los 38 años me quedé embarazada de mi primera y única hija, Constanza, quien hoy tiene 10 años. Si hay una sensación de la que yo puedo hablar durante mi embarazo es la de sentirme una mujer súper poderosa. Recuerdo caminar por las calles de Monteros y sentir que llevaba un milagro en mi vientre. Esta gorda preciosa nació en mayo de 2012 y desde que nació cambió mi vida completamente, la puso de cabeza, me hizo aprender a relativizar todo, me hizo entender que la vida es finita, que las cosas más importantes son las que se disfrutan con el alma, para las que no se necesita el dinero. Con ella aprendí que la sonrisa de un hijo vale cruzar el desierto descalzo si es necesario”, confesó, recordando sus primeros pasos por la maternidad.

“Cuando Conty tenía dos años o dos años y medio, empecé a darme cuenta de que su desarrollo no era el mismo que el de otros niños. Bañarla, peinarla, cortarle las uñas, convertían el momento en un infierno. Hablaba solo 3 o 4 palabras, lo cual era muy poco para una niña que tenía una madre que hablaba tanto como yo. También me di cuenta que no reaccionaba al dolor de la misma forma que otros niños. Había noches en las que se despertaba llorando desconsoladamente. En ese momento en mi vida se instaló la sombra de que algo le pasaba. Comenzamos las consultas con psicólogos, fonoaudiólogos, pediatras, sin llegar a ninguna respuesta”, dijo Cruz frente a todo el anfiteatro, que escuchaba atento.

“Un día cualquiera, mi hermana menor, Milagro, que siempre tiene una solución para todo, me acercó el contacto de la doctora Nancy Palomo, psicóloga especializada en autismo. Comenzamos las consultas junto al papá, se sumó una fonoaudióloga, una neurolingüista y un pediatra especializado en neurodesarrollo. Pasaron dos o tres mees en esa etapa de búsqueda de diagnóstico. Llegó el momento en el que tenían que decirnos qué era lo que tenía. Mi mundo se hizo añicos. Constanza estaba dentro del espectro autista. Lloré y lloré mucho. Me enojé muchísimo, sobre todo con Dios. Recuerdo que le dije ‘una sola cosa te pedí, una sola hija tengo y me haces esto’. Estaba muy enojada con el TEA”, confesó, sobre una noticia que muchos padres tucumanos recibieron, especialmente en los últimos años.

“En uno de esos talleres para padres de la licenciada Palomo, una mamá que estaba conmigo cuya hija compartía diagnóstico con Constanza, me dijo que ella se había enojado mucho con el TEA, que no lo aceptaba, hasta que un día ella se dio cuenta de que tenía que aprender a abrazar y amar el TEA para que su hija y ella sean más felices. Ustedes no se imaginan lo que esa frase hizo en mi vida. Después de un tiempo entendí que yo debía aceptar a mi hija con esa condición con la que había nacido porque entendí que aunque me rebele la condición no iba a cambiar, la que tenía que cambiar era yo”.

“En ese momento me di cuenta que lo importante no era yo, lo que yo sentía, sino que lo importante era mi hija y que yo debía dejar de ver todo lo que Conty no iba a poner hacer o disfrutar y centrarme en lo que si iba a poder hacer”, explicó.

El amor como puente entre la maternidad y la profesión

Todos los niños pueden aprender juntos, todos pueden ir a la escuela, todos pueden jugar juntos. No se trata de pensar no puedo, sino ‘si puedo’. Todo lo que como madre había vivido y todo lo que yo había estudiado y me había capacitado, a raíz de querer entender y ayudar a mi hija, lo volqué en dos instituciones”.

 “Uno de mis lugares es la escuela Florencio Balcarce (Concepción) de la cual soy su actual directora, en donde hacemos un trabajo inmenso y maravilloso de inclusión educativa. Mi otro lugar es la fundación Nueva Generación. Somos papás de niños con discapacidad y hacemos un trabajo inmenso en función de nuestros hijos. Dicto talleres para padres y para docentes”

Finalmente, la profesora dedicó un importante mensaje para todos los chicos presentes: “Ustedes quizás están pensando en decidir una carrera o ya la tienen elegida. Tal vez hoy están limitados por la situación económica o cosas familiares y todo eso que trae la adolescencia. Quiero contarles a mis 50 años que puedo decir que el amor me salvó. Y no el amor que ustedes creen. El amor que a mí me salvó fue el amor por una carrera y una profesión. El amor por el estudio y una familia, el amor incondicional por mi hija que nació con una condición diferente que me hizo cambiar y decidir hace unos años comprometerme desde el lugar donde esté, para construir una sociedad más justa, tolerante e inclusiva. Por ella, por los que como ella nacieron diferentes, y por los que se sienten diferentes”, finalizó, ante los eufóricos aplausos de todos los presentes que aplaudieron no solo a una mamá azul, sino que abrazaron fuertemente la manera de encarar como un desafío en beneficio de la sociedad, lo que para muchos otros se plantea como una dificultad.

fuente: el tucumano