En el día de ayer comenzaron a verse unas mariposas blancas conocidas como “pirpintos” o “pilpintos” revoloteando plantas y árboles. Se observó un gran número de estos lepidópteros, invadiendo plazas y jardines, de allí su nombre de “nieve de verano”
Los pirpintos, cuyo nombre científico es Ascia monuste , protagonizan cada año una de las migraciones más impresionantes. El trayecto empieza cuando las flores de Bolivia (de donde provienen) les resultan insuficientes para procrearse. Entonces, se desplazan cientos de kms hasta las provincias argentinas de La Pampa, Río Negro o Mendoza. En ese viaje, procrean a su especie y contribuyen a la polinización.
Como todas las mariposas, su presencia o ausencia es un indicador de la situación general del medio ambiente.
“Si estos fenómenos se dan es porque no hay fumigaciones generales que las estén abatiendo. Que sigan ocurriendo estas numerosas migraciones significa que el NOA está en mejores condiciones que otras zonas”, señala el biólogo Flavio Moschione.
Entre los beneficios de su presencia está además la de proveer alimento a las nuevas camadas de aves que por esta época están en plena cría de polluelos
“Hay que desterrar la idea de que causan daños a las cosechas o enfermedades en las personas”, afirmó el ya desaparecido biólogo Fernando Navarro. “Pueden volar a unos 300 metros de altura y recorrer largos trayectos durante cuatro meses, su período aproximado de vida”

Además del calentamiento global, las mariposas en general, tienen que sortear otra amenaza letal: la falta de vegetación autóctona.
“Sin plantas nativas, no hay mariposas. Cada variedad se alimenta y pone sus huevos en determinada flor”, sintetiza Pablo Quiroga, biólogo de la Reserva Experimental de Horco Molle. La inserción de plantas que no son típicas genera un impacto negativo; las mariposas están perdiendo su hábitat natural y la gente debe tomar conciencia de ello”, afirma Adriana Chalup, Dra en Biología y lepidóptera e investigadora del Instituto de Entomología de la Fundación Miguel Lillo.
Otras acciones humanas que están empujando a cientos de especies a la extinción son los cambios en el uso de la tierra y las fumigaciones. Pero no solo a nivel agropecuario, sino también las que se usan en jardines y balcones, muchas veces sin respetar dosis y cantidades.
“Para que surjan las bellas mariposas, primero tiene que haber orugas. Debemos dejarlas que coman nuestras plantas, no van a terminar con nuestro jardín”, sostiene la bióloga Adriana De Cristóbal, directora del mariposario de Tafí Viejo.
¿Qué podemos hacer para ayudarlas?
Podemos sembrar y/o plantar especies que atraen a las mariposas, como lantana, cardo, diente de león o panadero, margarita del campo o verbena roja, sen del campo, passiflora, menta, cedrón ruda, achira o caña de Indias.
En definitiva, si hay algo que el ser humano debe aprender de la naturaleza, es que en ella nada es casual: todo tiene un motivo. Hoy, la invasión de los peregrinos pirpintos supone un baño de esperanza: están con nosotros. Y de nosotros depende que continúen. Hombre y naturaleza podemos convivir; se trata de respetar el espacio del otro, nada más.
De acuerdo con el especialista, el pico de reproducción de esta especie se da cada tres o cuatro años en verano, por eso aparecen como enjambre esporádicamente. A su vez, otros especialistas aseguran que no representan ninguna amenaza ni para la salud ni para las cosechas de los campos por eso se desalienta su fumigación y de hecho que sigan apareciendo es una buena señal, ya que significa que los suelos no están siendo tan modificados.(El Tucumano)
Fuente: Fundación ProYungas.



