La trama oculta detrás del formato elegido por AFA: por qué perjudican a San Martín

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La casa madre del fútbol argentino dispuso barajar y dar de nuevo, organizando un certamen en la que no habrá ninguna ventaja para los mejores equipos del torneo. Qué pasó todos estos meses. Quiénes influyeron en las decisiones. Quiénes son los beneficiados y perjudicados.

Decir que la pandemia atentó contra el proyecto futbolístico de San Martín sería, cuanto menos, un eufemismo, por no decir una mentira. Porque la pandemia por supuesto golpeó a San Martín y a todos los clubes, y a todas las personas, en todos los ámbitos, en mayor o menor medida. Pero lo que de verdad destruyó la campaña del Santo no fue ni el virus, ni los contagios, ni nada de eso, sino que fue la AFA, deliberadamente la AFA.  
No me vengan con la excusa de la fuerza mayor. Todos los eventos deportivos del mundo fueron suspendidos y a ninguno se le cambió el reglamento en la mitad. Si hubo algunas modificaciones procedimentales, como en la Champions que los play off se jugaron a un solo partido en lugar de ida y vuelta. O en algunas ligas declararon desiertas las competencias, en otras entregaron los premios con la foto de las tablas como habían quedado. Pero en ningún lugar del mundo, decidieron hacer un híbrido entre un torneo nuevo y uno suspendido.
Aquí se basaron en las tablas de posiciones para acomodar los equipos por zonas, pero haciendo que todos arranquen de cero. Así, San Martín competirá en contra siete rivales en igualdad de condiciones, cuando tenía ventaja con respecto a todos. Incluso, solo con Defensores tenía una competencia real por el primer puesto, con los demás tenía una ventaja irremontable de entre 10 y 18 puntos.  
El argumento oficial para este mamarracho es absolutamente increíble y lo podemos encontrar en las declaraciones de algunos dirigentes de la categoría, como el presidente de Belgrano de Córdoba que dijo: “No había forma de dejar contento a todos. Creo que este formato deja contento a la gran mayoría incluyendo a Belgrano. No tengo dudas de que los que están en los primeros puestos no deben estar contento”.
Si analizamos esas declaraciones, se utiliza la palabra “contento” varias veces, porque al parecer, en nuestro fútbol no se busca justicia, sino contentar, conformar, a la mayoría, independientemente de que se caiga o no en una arbitrariedad injusta.
Hay decisiones que no pueden condicionarse por la aceptación popular, no tienen que gustarle ni a todos, ni a la mayoría, ni a ninguno en particular, hay decisiones que simplemente tiene que ser justas.
Ahora, ¿cuáles son las explicaciones reales para este adefesio? ¿Qué pasó en esas reuniones eternas que llevaron a qué le torneo sea rediseñado por completo? ¿Por qué ocho meses en hacerlo? Para todas esas respuestas hay que hacer un juego al estilo de las novelas policiales y pensar quienes son los principales beneficiados del crimen.
Empecemos, la primera pregunta que surge es ¿Si se van jugar siete fechas, por qué no se juegan los nueves que faltaban y listo? Hay varias respuestas para esta pregunta. Para empezar, no seguir jugando el torneo tal cual estaba previsto es lo que da el pie para suspender los descensos, si el torneo continuaba, no había razón alguna para que los equipos no desciendan. Nunca está de más recordar que si se jugaban las 9 fecha con descensos incluidos, los equipos del presidente de AFA (Barracas) y del vicepresidente (Mitre) tenían muchas chances de perder la categoría.
Pero la explicación no se limita eso, sino que, además, Tapia les entregó a todos clubes del fútbol argentino el beneficio de asegurar su permanencia durante a dos años, a cambio de ser apoyado en su objetivo de adelantar su reelección 18 meses y así sacarse de encima a Angelici, contando con el apoyo hasta del Gobierno Nacional.
Ahora, imaginemos que hubiera decidido suspender los descenso, pero seguir con el campeonato ¿Qué hubiera pasado? Porbablemente, los clubes de más abajo, incluso los de mitad de tabla hubiesen desmantelado sus planteles para ahorrar lo máximo posible, porque no hubiera tenido sentido gastar en sueldos de jugadores para un certamen en el que no juegan por nada. Eso no solo se aplica a los equipos peor ubicados, sino también a los de mitad de tabla.
Pensemos, por ejemplo, en Tigre o Belgrano de Córdoba, que tenían los presupuestos más altos de la categoría, si hubieran tenido que mantener plantillas carísimas durante 6 meses más para disputar algo en lo que ya no tenían demasiadas expectativas.
¿Todo esto qué implicaba? En primer lugar, cientos de futbolistas sin trabajo, por ende, el gremio intervino y exigió que se juegue por algo. Además, también influyeron los empresarios del sector que presionaron para que se habrá el mercado de pases, porque el negocio que generan los trapazo de jugadores se hubiera caído, pero para que haya transferencia se necesita que los clubes tengan expectativa, sino nadie contrata a nadie. El 30 de junio culminaron los vínculos laborales de la gran mayoría de los jugadores con los clubes por lo que era necesario abrir el mercado para que no queden desempleado y para que ese mercado se mueva, era imprescindible garantizarles a todos los clubes que tendrían oportunidades de ascender.
Entonces, tenemos que suspender los descensos para ganar las elecciones, pero también tenemos que conformar a los otros, entonces hay que decirles que vamos a jugar, pero algo distinto para que su inversión valga la pena y, por otro lado, tenemos a empresarios y gremialistas exigiendo que no se corte el circuito de jugadores deambulando de club en club. Barajar y dar de nuevo es la solución a todos esos problemas.
¿Había una salida que conforme a todos sin caer en una injusticia con los que iban arriba? Si, era conseguir 4 ascensos, algo que no era descabellado, porque en la temporada pasada le agregaron 3 ascensos a la B Metropolitana porque si, entonces, en un contexto de pandemia podría haber sido una salida elegante, premiando a San Martín y Atlanta y dándole chances a los demás de jugar por otros cupos. Sin embargo, fueron los clubes de Primera los que no aceptaron ese trato, porque estaba previsto que en junio de este año queden 22 equipos en la máxima categoría, pero quedaron 24 y con 4 ascensos se irían 28 y como el año que viene tampoco habrá perdidas de categoría, se estaría volviendo al repudiado certamen de 30 clubes, cosa que ni la televisión, que es la pone la plata, ni los grandes que son los que la reparten, querían que sucediera.
Descartada esa alternativa, AFA buscó pagar el menor costo político posible, entonces no hubo dudas que priorizar a empresarios, el gremio y 30 clubes de la categoría, era mucho más rentable que hacer justicia deportiva y reconocerle los méritos a San Martín y Atlanta.
Acostumbrados a manejar todo desde la sombra, a tejer y manejar desde debajo de la mesa, Tapia y compañía salieron a negociar con Sagra y Greco, alcanzando un rápido e incondicional acuerdo con el de Atlanta, pero no se esperaron la reacción del tucumano que salió por todos los medios con los tapones de punta denunciando a medio mundo con nombres y apellidos, declarando una guerra a la que llevó hasta las últimas consecuencias. Es cierto que la perdió, incluso recibiendo un cachetazo más que contundente desde el TAS, pero también es real que salpicó de sangre a todos y que expuso a la AFA mucho más de a lo que están acostumbrados.
Además, nadie podrá quitarle a Sagra y a San Martín la dignidad de defenderse a capa y espada ante una más que evidente injusticia. Más allá de que puedan o no haber reproches en cuanto a algunas formas o estrategias, pero eso harina de otro costal.
Más se engrandece la actitud de San Martín cuando se comprueba que el silencio exasperante y obsecuente de Gabriel Greco, presidente de Atlanta, no condujo a ningún beneficio, sino por el contrario, a pesar de su indigna genuflexión fue tan perjudicado como el Santo.
La conducta del mandamás de Atlanta es difícil de entender, hay quienes la explican por un jugoso cargo que Tapia le consiguió en Conmebol, en el que cobra una interesante cifra en dólares por mirar partidos. Pero también es real, que en la temporada 18/19, Atlanta fue uno de los clubes que logró beneficiarse de los 3 ascensos extras que se entregaron a mitad de campeonato de la B Metropolitana. Tal vez ahora le tocaba devolver el favor firmando cartas de apoyo.
Ojo, Greco no es el único obsecuente perjudicado, sino miren a Marcelo Achile, mano derecha de Tapia, que estaba a solo 3 puntos de la punta y le llevaba entre 7 y 15 a todos los rivales con los que ahora competirá desde cero y tampoco dijo una palabra.
Otro caso similar es el de Alicio Dagatti, presidente de Estudiantes de Río Cuarto, que estaba segundo detrás de Atlanta y apoyó a ciegas una decisión que lo perjudica, pero claro, su club de conseguir un polémico ascenso en el que se filtró un audio de uno de sus jugadores en los que revelaba que el campeonato estaba arreglado varios meses antes de que termine. En la misma bolsa podemos poner a Estudiantes de Caseros que, al igual que Atlanta, obtuvo una de las plazas autoregaladas a los clubes dela B Metro.
Así, todos estos dirigentes que debieron acompañar a San Martín en la lucha por seguir jugado el torneo que como estaba o en que se juegue una final y el reducido previsto en el reglamento, eligieron pagar viejas deudas y ¿Quién sabe? Sino negociaron futuros auspiciosos, en los que no deberían confiarse demasiado, porque sabido es que en el ámbito de AFA una traición no se le niega nadie.
En este mismo sentido, también corresponde que en San Martín hagan sus propias autocríticas, no tanto por como actuaron en reacción a la injusticia, sino por como actuaron antes. Tampoco hay que olvidar que Sagra mismo admitió que fue uno de los que acompañó a Tapia en algunas pujas internas.  También utilizó como caballito de batalla electoral la frase “peso en AFA”, refiriéndose a que su amistad con Angelici podía ser útiles si él llegaba a la presidencia.
Sin embargo, quedó a la vista de todos que ese peso en AFA nunca fue tal. De hecho, Angelici, que parecía ser el más poderoso de todos, fue borrado de un plumazo y Sagra fue víctima de una de las peores estafas deportivas de las que se tengan recuerdo y más allá de su enjundia para defenderse, nunca antes habían avasallado así los derechos del club. Lo que lleva a pensar que, de acá en más, sea quien sea el que llegue a la administración del club, deberá desconfiar de cualquier supuesta amistad o parentesco y enfocarse en una gestión sólida que prescinda de amiguismos circunstanciales.
En definitiva, San Martín deberá salir a la cancha el 28 de noviembre a jugar un torneo injusto y bochornoso, deberá luchar contra viento y marea y estar preparado para todo tipo de adversidades. Pero a su vez, al Santo le sienta la épica y con Oris y Gómez a la cabeza tendrá que hacer lo que ya hizo: ser el mejor de todos en la cancha.

Fuente: El Tucumano