La escuela huérfana de Quino

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Nuestra representación actual de los  tiempos “a pandémicos”, tiempos anteriores al Covid 19, es la de un tiempo añorado en el que  la realidad, en nuestro imaginario personal, es pintoresca y radiante, como si la vida no hubiera tenido grandes fracturas ni debilidades; tal es así que nos motiva parafrasear las coplas de Manrique que versan: ”Todo tiempo pasado fue mejor”. Sin duda, a esta altura del año,  la sociedad comenzaba el ritual inevitable y recurrente de pensar en las fiestas de fin de año, los negocios comenzaban a vestirse con adornos navideños, las personas comenzaban con su consabido murmullo ancestral a favor o en contra de “las fiestas”, las familias comenzaban a pensar con quién reunirse y los estudiantes comenzaban a proyectar sus diciembres calurosos y fastidiosos, llenos de exámenes finales.

La pandemia y su aislamiento social  ha venido a ser como una hojarasca que está siendo arrasada por el viento: todo quedó desdibujado. Pero más importante aún: los encargados de tomar decisiones con respecto a la etapa final del año, dan marchas y contramarchas, titubean y debaten, piensan en voz alta, borran con el codo lo que han escrito hace unos minutos con la mano, sin considerar que esta deliberación desprolija es observada atentamente por todos los miembros de la sociedad. En este contexto adverso de relatos contradictorios, de palabras que se dicen por decir, de una falta de sinceridad sistemática que oculta la necedad y la improvisación, una maraña de dudas carcome las proyecciones de los alumnos y alumnas: ¿nos evaluarán o  nos promocionarán?,¿ concluirá nuestro ciclo lectivo o  nos llevarán hasta el próximo año? En el caso de los que están en el último año… ¿si el ciclo lectivo termina en abril, como se sugirió, …¿Cómo se conciliará con el ingreso a la universidad?

Quizás sea muy importante expresar, en medio de este debate interminable, algo que una vez escuché decir a un sacerdote jesuita llamado Jon Sobrino: “todos quieren libertad de expresión pero a nadie le interesa la verdad”; y la verdad es anterior a todo, ya que” la verdad os hará libres”_ Juan, Cap. 8_ ¿Y cuál sería la verdad en este caso? Reconciliarse con la humildad y reconocer que no sabemos el camino que debemos seguir; no lo saben los ministerios, no lo saben los directivos, no lo sabemos los educadores porque estamos protagonizando un tiempo inédito. Algo así como estas distopías que nos propone Netflix, esos relatos de futuro transidos de imprevistos trágicos y amenazantes. Sería una opción de suprema humildad y de justicia, convocar espacios de consenso, acuerdos entre todos los estamentos educativos, reconocer que se camina sobre un horizonte de incertezas  y dejar de mostrar este lamentable espectáculo de desaciertos que pesan sobre las espaldas de jóvenes que observan con  resignación los errores de estos adultos, los  que tienen en sus manos decisiones fundamentales para las nuevas generaciones.

Ojalá comprendamos que el camino de la construcción de la patria pasa por la escuela y lo que se haga en ella. La escuela es el último bastión que le cabe a la racionalidad, la muralla que puede detener los avances de “aquella noche de ignorancia” que denuncia  el Himno a Sarmiento.

En esta noche oscura, en la que la fantasmagórica ignorancia serpentea por las aristas de la razón, no podemos olvidar, además, que la educación ha quedado huérfana de un gran constructor de metáforas que le ha dado a la escuela mucho más que grandes pedagogos. Hemos quedado huérfanos de Quino. Un golpe mortal que debemos barajar volviendo a sus tiras universales y lúcidas que han acompañado las aulas de prestigiosas universidades de todo el mundo. Recuperemos este tesoro autóctono y reflexionemos sobre su caricaturesca conexión con la verdad y la grandeza. Prestos a reconstruirnos, pensemos en abrir debates que nos habiliten caminos de esperanzas; como ha expresado Paulo Freire: “En educación podemos renunciar a cualquier cosa, pero no podemos renunciar a la lucha y no podemos ni debemos renunciar a la  esperanza”.

Licenciada Graciela Jatib

0ctubre 2020

Ventana del Norte

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