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JULIO DE CARO – EL MÚSICO QUE “HIZO ÉPOCA”

Primera Parte

Julio, un típico porteño, nació en Buenos Aires, un 11 de diciembre de 1899, fue un violinistadirector de orquesta y compositor, fue una de las expresiones por excelencia de la “Guardia Nueva” que transformó el tango en la década del 20 y le abrió el camino hacia la difusión masiva. 

Era el segundo de los doce hijos del matrimonio formado por Matilde Ricciardi Villari y José De Caro De Sica ,la madre había trabajado profesionalmente como cantante y el padre había estudiado música en Italia y trabajado en el conservatorio de la Scala de Milán.

Siguiendo directivas del padre, desde pequeño Julio De Caro estudió piano en tanto su hermano Francisco se dedicaba al violín. 

En algún momento, sin embargo, se dieron cuenta de que preferían el instrumento del otro. Como no se animaban a pedírselo directamente al padre lo hicieron con la mediación de su madre y obtuvieron la conformidad paterna para intercambiar los instrumentos que estudiaban.

Julio fue a estudiar con el maestro Fracassi en tanto Francisco ingresó en el Conservatorio Williams. 

Julio De Caro y su orquesta

El tango, sin embargo, estaba prohibido en la casa de los De Caro porque no era considerado “música seria” y la tensión provocó la expulsión de Julio cuando osó comentar que lo habían convocado para hacer un reemplazo en la orquesta de Eduardo Arolas.

De Caro conservó la esencia del tango arrabalero, bravío y lúdico de los iniciadores, pero fundiéndolo con una expresividad sentimental y melancólica desconocida hasta entonces, reconciliando así la raíz criollista con la influencia europeizante.

Eduardo Arolas, el tigre del bandoneón, que en ese momento tenía un éxito clamoroso, visitó al padre de Julio para proponerle su incorporación a su orquesta y la respuesta fue negativa (el padre había resuelto que estudiara medicina) pero un poco más adelante Julio debutaba a los 18 años y sin conocimiento de su padre, en el conjunto del bandoneonista Ricardo Luis Brignolo reemplazando temporalmente al violinista titular.

Esas dos semanas de actuación mostraron a Julio lo que seguramente ya vislumbraba, esto es su vocación tanguera, y lo decidieron a aceptar el pedido de Arolas y fue así que pocas semanas después quedaba estructurado un quinteto con Roberto Goyeneche al piano, Rafael Tuegols y De Caro en violín, y Manuel Pizarro y el mismo Arolas en bandoneón. Con este conjunto estrenó Julio Mon beguin, su primer tango.

Al no aceptar su padre que Julio abandonara sus estudios y se dedicara a la música popular, fue echado de su casa y Francisco siguió el mismo camino sin esperar que lo echaran. 

En Montevideo (Uruguay) Julio se reencontró con su hermano Francisco que había fijado residencia en ella y trabajaba como pianista en salas cinematográficas acompañando las películas mudas y también en cabarés.

Ambos hermanos, que recibían buenas retribuciones por su labor, también producían juntos y así crearon el tango Mala pinta y luego otros como Mi encanto, Pura labia, Don Antonio, A palada, Era buena la paisana, Percanta arrepentida, Bizcochito, Gringuita y La cañada.

Al regresar en 1919 comenzó Arolas una gira por la Provincia de Buenos Aires pero en medio de ella Julio De Caro y el pianista José María Rizzuti que había sustituido a Goyeneche tuvieron un desacuerdo económico con Arolas, se separaron del conjunto y regresaron a Buenos Aires. 

En esta ciudad de reunieron con el bandoneonista Pedro Maffia que por iguales motivos había dejado la orquesta de Roberto Firpo y con el violinista José Rosito y formaron un cuarteto que inició sus actuaciones en el Café El Parque de Talcahuano y Lavalle. 

Algún tiempo después y pese al éxito de público que tenían, el conjunto se disolvió en forma amigable porque sus integrantes habían recibido propuestas que los satisfacían: Maffia volvía con Firpo, De Caro y Rizzuti se incorporaron a la primera orquesta de Osvaldo Fresedo para actuar en el Casino Pigall

Durante el viaje que Fresedo hizo a Estados Unidos a mediados de 1920 para grabar el conjunto continuó actuando en el lugar pero al regreso Fresedo los dejó en libertad de acción porque no pensaba reincorporarse a la orquesta.

Al poco tiempo Julio viaja a Montevideo para hacer una serie de actuaciones con Enrique Pedro Delfino. Cuando finalizan en 1922 permaneció en Montevideo donde poco después se incorporó a la orquesta del bandoneonista Minotto Di Cicco. Más adelante Francisco se unió a la orquesta para reemplazar al pianista Fioravanti Di Cicco y esa fue la primera oportunidad en que los hermanos trabajaron juntos en una agrupación profesional. 

Julio estrenó allí sus tangos que ya los tenía en papeles La Farándula, Maridito Mío, Milonga Corrida, Jardín florido y Minotito y en la misma época los hermanos De Caro compusieron La mazorca y El bajel.

Al terminar el verano de 1923 Julio vuelve a Buenos Aires y se incorpora a la orquesta que estaba organizando el prestigioso pianista y compositor Juan Carlos Cobián, conjunto que quedó para la historia pues significó el antecedente directo del movimiento de transformación instrumental más importante del tango, ​ integrada por Juan Carlos Cobián (piano), Agesilao Ferrazzano y Julio De Caro (violines), Pedro Maffia y Luis Petrucelli (bandoneones) y Humberto Costanzo (contrabajo). Actuaron en el Abdulla Club de la Galería Güemes y grabaron para RCA Victor, entre ellos los temas de De Caro La machona, Astor, Carita de ángel y La confesión.

El sexteto fue el catalizador de aquellas innovaciones que, sin sistematización, se observaban en la escena de la época. Fue uno de los motores de la “Guardia Nueva”, que significó el advenimiento de la música escrita, con elementos orquestales, en detrimento de los “orejeros” de la Guardia Vieja.

Julio De Caro

Entonces aparecieron contrapuntos, contracantos y compases sincopados que transformaron la escritura. Y, definitivamente, el tango dejó de escribirse en 2×4 para escribirse en 4×4, lo que ayudó a la melodización y transformó -también- el baile, que se hizo más “arrastrado”.

La orquesta quedó formada en esta forma: Julio, Alberto y Emilio De Caro, Lorenzo Olivari, Esteban Rovati, Bernardo Germino y Antonio Arcieri en violines, Pedro Maffia, Luis Petrucelli, Ricardo Brignolo, Luis D´Abraccio, Ángel Danesi, Nicolás Primiani, Miguel Orlando y Luis Minervini en bandoneones, Francisco De Caro y Roberto Goyeneche en pianos y Leopoldo Thompson y Olindo Sinibaldi en contrabajos.

Terminados los bailes de Carnaval Julio y Francisco recibieron el ofrecimiento para grabar en RCA Víctor.

Poco antes del debut, Maffia y Petrucelli deciden abandonar la orquesta, incidentalmente irritados por una publicidad del Vogue’s Club que anunciaba la orquesta “de” Julio De Caro. La agrupación necesitaba urgente su reemplazo, pues se acercaba el día del debut. 

Prácticamente en las vísperas Maffia, que acababa de perder mucho dinero en el juego, le ofreció volver al conjunto hasta hallar otra ubicación, lo que aceptó Julio aunque su relación personal continuó tirante. Por otra parte, por mediación del bandoneonista Enrique Pollet conoció, escuchó y contrató de inmediato a Pedro Laurenz.

El ingreso de Laurenz no venía con buenos augurios. Hasta ese momento era prácticamente un desconocido que iba tocar como segundo bandoneón de un músico ya consagrado como era Pedro Maffia que, además, prácticamente no hablaba con el director de la orquesta. Sin embargo, no sólo no tuvo fallas su presentación sino que además se creó una amistad con Maffia y formaron uno de los dúos de bandoneones más famosos de la historia del tango​

Julio De Caro y Maffia recompusieron su relación al punto que vivían con Francisco en el mismo departamento y la orquesta tomó en forma definitiva el nombre del primero. De inmediato salió un contrato para inaugurar el cabaré Chantecler de la calle Paraná, donde Julio De Caro estrenó sus tangos Adiós Chantecler y Buen amigo.

Realizamos un paréntesis y continuamos en el día mañana donde vamos hablar de lo fuerte que es el historial de este gran músico como fue Julio de Caro.

Ing. Aldo O. Escobar

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