Ernesto Sabato: A diez años de su fallecimiento

El autor de El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abbadón el Exterminador fue uno de los escritores argentinos más leídos del siglo XX. Fue también protagonista del Nunca más y ganador del Premio Cervantes en 1984.

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Ernesto Sábato  murió alrededor de la una de la madrugada del sábado 30 de abril de 2011 en su casa de Santo Lugares, cincuenta y cinco días antes de cumplir cien años.

El “Dante Alighieri del siglo XX”, según lo definió el escritor rumano Mircea Cartarescu fue autor de El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abbadón el Exterminador, y devino un “héroe cívico” a partir del Nunca más, donde establece la cuestionada teoría de los dos demonios.

El escritor Gonzalo Unamuno, reflexiona sobre la figura de Sábato de la siguiente manera:

“Que la figura de Sabato es una figura polémica y está sujeta a un sinfín de controversias es muy cierto, pero, estamos en Argentina y ya no sé de nadie prácticamente a quien no se lo pueda tildar de controversial, más en estos tiempos tan caldeados, donde todo se batalla”, dice Unamuno. “Yo creo que se lo juzga con esa severidad porque genera una antipatía mayor a la del resto, un rechazo. En el famoso almuerzo con Videla también estaban Borges (Piazzolla asistió a otro almuerzo), pero ellos no pasaron nunca de ser comentaristas políticos que –Borges más que nada- apelaban a la ironía para carajear al peronismo. Por otra parte, son el músico y el escritor posiblemente más importantes y universales de nuestra historia. Sabato, en cambio, desde su obra, no es equiparable a ellos y, por si fuera poco, fue secretario General de la Federación Juvenil Comunista, almorzó con Videla en plena dictadura, dirigió la CONADEP y su famoso informe Nunca Más, todos hechos de sensibilidad mayúscula en nuestro país”.

Sabato, que militó en el Partido Comunista hasta que lo expulsaron por “inconducta partidaria”, fue el octavo doctor en Física egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Cuando viajó a París por una pasantía en el laboratorio Curie en 1938, llevó en su portafolios las primeras páginas de una novela que había empezado a escribir, La fuente muda. Entonces fue emergiendo un rechazo hacia el ambiente científico, del que se terminaría distanciando para entregarse a una actividad que practicaba en la clandestinidad: la escritura. Un viejo profesor del colegio, el dominicano Pedro Henríquez Ureña, intercedió para que el escritor en ciernes llevara sus artículos a la revista Sur. En las reuniones en la casa de Victoria Ocampo en San Isidro conoció a Borges, un escritor al que admiraba; pero pronto el vínculo entre ambos se volvió conflictivo.

Sabato formó parte del círculo de intelectuales antiperonistas, hasta que en 1955, con la llegada de la autoproclamada “Revolución Libertadora”, inició el camino de la autocrítica.  Se desmarcó de su antiperonismo más visceral en El otro rostro del peronismo (1956), texto con el que subió al ring del debate político argentino. “Había en ese complejo movimiento ––y lo sigue habiendo–– algo mucho más potente y profundo que un mero deseo de bienes materiales: había una justificada ansia de justicia y de reconocimiento, frente a una sociedad egoísta y fría, que siempre los había tenido olvidados”, reconoció el escritor.

Como editor periodístico de la revista Mundo Argentino, Sabato se atrevió a romper el cerco informativo. “Vuelve la tortura”, se leía en la tapa de la revista del 22 de agosto de 1956. En la nota se informaba con detalles sobre tormentos y vejámenes aplicados a trabajadores disidentes detenidos en los sótanos del Congreso y en la penitenciaría de la calle Las Heras. Tres días después, en una audición programada en LRA Estación de Radiodifusión del Estado, declaró: “No puedo hablar de ningún tema literario mientras a poca distancia de aquí, en la cárcel de la calle Las Heras, se está torturando a militantes peronistas”. Y aprovechó el micrófono para anunciar su desvinculación de la revisa.

El túnel (1948), su primera novela, fue publicada por la editorial Sur, después de acumular una serie de rechazos. El escritor había peregrinado con los originales por varias editoriales como Losada, donde el editor le dijo: “Sinceramente, mi amigo, nadie va a creer que un físico puede escribir una novela”. Al escritor Albert Camus, que formaba parte del comité de lectura para obras en castellano de la editorial Gallimard, le gustó la novela y le escribió una carta a Sabato en la que confesó admirar la “dureza e intensidad” de esta novela, que se publicó, finalmente, en francés en 1956.

Su consagración como escritor llegó con su segunda novela, Sobre héroes y tumbas, publicada en 1961, hace sesenta años.

El poeta Hugo Mujica revela el impacto que le generó la segunda novela de Sabato. “Es una obra que no envejeció, sino que permanece en su juventud, y con esto quiero decir que son los jóvenes que leen ese libro a determinada edad. Creo que es un libro iniciático, en el sentido que ayuda a dar ese paso de la adolescencia a ese mundo que da miedo (que merece el miedo), que es la adultez, el adulterar la vida. Y es un libro que habla de ese momento, de poder dar ese paso, que termina en ese viaje mítico hacia la Patagonia, que es nuestro desierto.”, afirma Mujica.

Para la escritora María Rosa Lojo, coordinadora de la edición crítica de Sobre héroes y tumbas y autora del libro Sabato: en busca del original perdido,  la obra de Sabato es compleja desde su densidad simbólica. “Entre sus líneas de fondo está el cuestionamiento (siempre desde los símbolos) al orden del conocimiento heteropatriarcal o falogocéntrico, que se basa, en nuestra sociedad (y estimo que en todas) en un orden asimétrico de géneros donde el término inferior es el femenino. Los descensos y la fagocitación de los personajes suponen una tremenda inversión de todo ese orden, un genuino cataclismo. Un acceso, por fin, ‘al misterio central de nuestra vida’”, concluye Lojo.

Fuente Silvina Freira para Página 12

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