El problema no es la fecha de las PASO sino la desconfianza

La enorme distancia que existe entre el Gobierno y la oposición incrementa los costos de transacción para resolver este y cualquier otro problema en la Argentina.

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Uno de los problemas más significativos del sistema político argentino es la enorme desconfianza que existe entre las partes. Esta aseveración no presenta ninguna novedad. En Los que mandan (1964), un libro clásico de la sociología argentina, en el que se realiza un análisis minucioso y metódico sobre la elite política, José Luis de Ímaz se refería a esta cuestión. Es decir, mucho antes de que existiese el kirchnerismo e incluso antes de la consolidación democrática, el recelo entre la clase dirigente ya obstaculizaba el funcionamiento del sistema político.

El debate respecto al eventual cambio en la fecha de las PASO necesariamente debe ser observado considerando la desconfianza acumulada entre las partes. Si se analiza en el vacío, no parece disparatada la idea de retrasar seis semanas la elección ya que eso permitiría incrementar el número de personas vacunadas, incluyendo al personal que estará vinculado a todo el dispositivo electoral (fiscales, presidentes de mesa, fuerzas de seguridad). Pero con el kirchnerismo en el poder, el precedente de modificar la fecha de una elección, aunque sea en el contexto de la pandemia, puede resultar, de mínima, temerario.

El presidente Alberto Fernández se aleja cada vez más de las posturas moderadas y el Frente de Todos se radicaliza siguiendo los preceptos del kirchnerismo más duro. Tanto en política exterior (salida del Grupo de Lima, fin de las alertas de la UIF sobre el gobierno venezolano, discusiones con los mandatarios del Mercosur) como en política doméstica (avanzada contra la Justicia, ataques del ministro Martín Soria al procurador, falta de transparencia con las vacunas) hay síntomas de un severo deterioro institucional. Las elecciones son el último bastión de las garantías democráticas y por eso su manipulación genera preocupación.

El aumento de los contagios (provocado por la segunda ola), las deficiencias en la detección de los casos (se sigue testeando poco) y las demoras en el plan de vacunación (falta de vacunas y lenta aplicación) podrían justificar el cambio de fecha de los comicios, siempre y cuando exista un consenso unánime en la clase política, acompañado de argumentos científicos irrefutables. Si no se cumplen estas condiciones, la manipulación del calendario electoral puede resultar nociva en términos democráticos, sin ni siquiera mencionar la posibilidad de suspender las PASO sin pasar por el Congreso, lo cual es abiertamente inconstitucional (el poder Ejecutivo no puede dictar decretos de necesidad y urgencia en materia electoral).

La enorme desconfianza que existe entre gobierno y oposición incrementa los costos de transacción para resolver este y cualquier otro problema en la Argentina, incluyendo el mal funcionamiento de la justicia. En vez de abordarse de forma responsable y a través de un debate amplio, el presidente Alberto Fernández prefirió avanzar con una reforma discrecional y circunscripta a los intereses particulares de su vicepresidenta. Con la economía sucede lo mismo: en un escenario en el que prevalece la desconfianza, resulta ilusorio el planteo de Cristina Kirchner de generar el consenso necesario que permita resolver lo que ella llama el problema de la “economía bimonetaria”.

Fuente: TN