La tradicional celebración de la Iglesia Católica por el aniversario de la Revolución de Mayo de 1810 y la conformación del primer gobierno patrio fue presidida desde las 11 por el arzobispo, Carlos Sánchez, en la Catedral de Tucumán. Este año, debido a las medidas sanitarias adoptadas por la pandemia de coronavirus, en el templo sólo estuvieron presentes el gobernador, Juan Manzur y su esposa, Sandra Mattar.
Las palabras del arzobispo Sánchez
Hoy nos unimos en oración por nuestra Patria Argentina para dar gracias a Dios por esta bendita tierra en la que vivimos, tan variada en sus paisajes, en sus riquezas y en los valores de nuestra gente. Pero también y especialmente, nos unimos para suplicar al Seños de la Vida y de la Historia, que nos libre de esta pandemia que azota a toda la humanidad y a nosotros los tucumanos del dengue y de otras muchas epidemias que amenazan la vida y la salud de nuestra sociedad.
Esta situación sanitaria nos ha sorprendido, nos ha angustiado, nos ha hecho descubrir que somos frágiles, que muchas veces hemos puesto nuestras seguridades en lo superficial y pasajero.
Nos ha hecho detenernos, parar obligadamente; nos ha hecho volver a casa, a descubrir el valor de la familia, de los vínculos e igualmente nos ha hecho visibilizar que hay tucumanos que no tienen casa, familia, salud, trabajo, ni oportunidades.
Hoy le suplicamos al Señor que nos conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que nos permita conocerlo verdaderamente y conocer lo que él quiere enseñarnos en esta situación, que nos desconcierta; porque la vida se ve amenazada por todas partes y sin distinción y, a la vez, nos despierta para que busquemos la forma de cuidarnos a nosotros mismos, y de cuidar a los otros y cuidarnos todos.
Esta situación sanitaria he puesto en evidencia muchas enfermedades que sufrimos desde años: la indiferencia, la corrupción, la injusticia, los egoísmos, la ambición, la violencia, la inseguridad, y la falta de respeto por la vida, la falta de oportunidades, la ceguera, la sordera y la invalidez que destruye los vínculos.
Pero también ha puesto en evidencia muchos valores que tenemos, principalmente el valor de la vida como valor esencial, único e inviolable, que debe ser custodiado siempre y en todas formas, en todas las situaciones y circunstancias y etapas del ser humano, especialmente en los más frágiles y vulnerables. El valor del hogar, la familia, el trabajo, la solidaridad, el servicio, la creatividad, el sacrificio y la responsabilidad social y comunitaria.



