La causa judicial más emblemática de Tucumán está a punto de cerrar un capítulo oscuro. A 20 años del crimen, se produjo un giro en el caso Paulina Lebbos. Virginia Nazarena Mercado, la mejor amiga de la víctima y compañera de la facultad, admitirá su culpabilidad ante la Justicia. La joven confesará el delito de encubrimiento durante una audiencia clave fijada para mañana a las 8 de la mañana. Su objetivo es evitar el banquillo de los acusados en un nuevo juicio oral y público.
Un acuerdo para evitar la cárcel
El periodista José Inesta confirmó que la defensa de Mercado llegó a un principio de acuerdo con el Ministerio Público Fiscal. La imputada se someterá a un juicio abreviado. La audiencia “de visu” será presidida por el juez Patricio Prado, de la Sala IV de la Cámara Penal Conclusional. Allí, Mercado deberá ratificar su admisión de culpa frente a Alberto Lebbos, el padre de Paulina, quien fue invitado a presenciar el acto.
Las contradicciones que la acorralaron
Virginia Mercado pasó de ser “testigo clave” a imputada. Su situación cambió tras el histórico juicio de 2018-2019. El tribunal ordenó investigarla por falso testimonio y encubrimiento al detectar graves inconsistencias en su relato.
- El misterio del “Remís Bordó”: Nunca pudo explicar por qué tomaron un auto “trucho” a la salida del boliche Gitana, en el Abasto, cuando solían moverse en taxi. Tampoco logró identificar al chofer, pese a viajar con él hasta su casa en calle La Rioja al 400.
- La “amnesia” sobre César Soto: Virginia negó conocer la violencia que sufría Paulina por parte de su pareja. Sin embargo, antes había declarado que Soto amenazaba de muerte a su amiga y que llegó a “agarrarla del cuello”. Este detalle es crítico: la autopsia confirmó que Paulina murió por estrangulamiento.
- El careo familiar: Su propia hermana, Jimena Mercado, la desmintió. Jimena afirmó que sufrieron una visita policial extraña tras la desaparición, algo que Virginia negó rotundamente, sugiriendo un pacto de silencio.
El último eslabón
Mercado fue la última persona conocida que vio a Paulina con vida aquella madrugada de 2006. Su testimonio siempre estuvo bajo la lupa por la cantidad de veces que respondió “no recuerdo” ante preguntas vitales. Mañana, dos décadas después, la justicia tucumana espera que la confesión aporte un cierre legal a una de las aristas del encubrimiento que impidió saber la verdad durante tanto tiempo.


