Cannabis: una apuesta a la producción nacional

La importancia del proyecto de ley sobre producción de cannabis con fines industriales y medicinales

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Argentina se ha sumado a la lista de países que regulará el desarrollo de la industria del cannabis para impulsar la producción y el empleo. Se favorecerá el acceso y el abastecimiento del mercado interno a costos más accesibles. El proyecto es relevante para la agroindustria y la industria farmacéutica. 

desarrollo público y privado de la cadena productiva del cannabis.

Argentina se ha sumado a la lista de países que regulará el desarrollo de la industria del cannabis para impulsar la producción y fomentar el empleo. El crecimiento global de esta industria vislumbra un mercado con un potencial enorme que está valorado en miles de millones de dólares. Los retos a los que se enfrenta son generar divisas, lograr crecimiento del empleo local, un mercado interno accesible y garantizar el federalismo.

Impensado era hace una década el avance que se ha dado en la legitimidad y en el marco legal para la utilización de cannabis. El cambio de perspectiva respecto al uso de esta sustancia fue el resultado de una coalición de movimientos y actores que impulsaron la discusión en contra del paradigma prohibicionista

El inicio se dio con el pedido de despenalización de la marihuana por parte de las organizaciones cannábicas y usuarios, las presentaciones de proyectos en esa línea por parte de legisladores y legisladoras de diversos partidos políticos y el posicionamiento de personas reconocidas tanto del ámbito académico como de la cultura, que instalaron el debate y aportaron fundamentos para cuestionar al paradigma punitivista.

Estatus legal

Las Naciones Unidas construyeron tres convenciones, por iniciativa de Estados Unidos, que conforman el marco legal internacional del régimen de control mundial de las drogas, con el propósito de reservar las sustancias para los usos medicinales y científicos y evitar el desvío ilícito. Argentina ha adherido a todas ellas y ha legislado en consecuencia. 

La Convención Única de Estupefacientes de 1961 fue la que limitó la utilización de la planta de cannabis para el uso medicinal, científico y de investigación. Establecía que el uso de la cannabis, de la resina de cannabis, de extractos y tinturas de cannabis con fines no médicos debía cesar en un plazo de 25 años a partir de la entrada en vigor de la Convención. Por omisión autorizaba el cultivo de la planta de cannabis destinado exclusivamente a fines industriales porque no establece nada al respecto de la fibra y las semillas. 

Sin embargo, la inclusión del cannabis y sus componentes en las listas más estrictas de control de estupefacientes fue reduciendo su utilidad para fines terapéuticos y limitando el uso exclusivamente a investigaciones científicas, dado que requieren de cantidades muy pequeñas. 

Regulación

Argentina en 2017 sanciona la Ley 27.350 que avala la investigación médica y científica del uso medicinal, terapéutico y/o paliativo del dolor de la planta de cannabis y sus derivados. 

El espíritu de esta ley fue reconocer el beneficio del uso de cannabis para la salud y garantizar el acceso a los y las usuarias. Este fue un hito porque se comienza a interpelar desde la legislación al paradigma que criminaliza al sujeto consumidor, al tiempo que favoreció al consenso y la legitimidad del consumo de esta planta para tratar diversas patologías como la epilepsia refractaria, mitigar síntomas y dolores causados por enfermedades como el cáncer, VIH, fibromialgia, entre otros. 

Debe decirse que este camino fue allanado por la tarea que realizaron las familias de quienes precisan los derivados de la planta, particularmente “Mamá Cultiva”, quienes tomaron la tarea de concientizar y visibilizar sobre los beneficios que tendría la utilización de los derivados de la planta. 

Lamentablemente, cuando se reglamentó la ley en 2018, el gobierno de Mauricio Macri incumplió los compromisos asumidos y la reguló de manera restrictiva, reduciendo el acceso de terapia con cannabis a una única patología (epilepsia refractaria), a un único derivado (el aceite de cannabis vía exportación) y a que prescriba un único profesional (médicos neurólogos). 

Con la llegada del gobierno del Frente de Todos y la recuperación del Ministerio de Salud de la Nación esa reglamentación se modificó y se ampliaron los alcances habilitando principalmente canales de acceso a través de autorizar el autocultivo y la venta en farmacias, cumpliendo con el espíritu de la ley sancionada para garantizar el acceso al cannabis para mejorar la salud.

Industria

Este año, durante la apertura de las sesiones legislativas, Alberto Fernández anunció el envío al Congreso de una ley sobre producción de cannabis con fines industriales y medicinales.La propuesta fue presentada la semana pasada por los ministros de Producción, Salud, Ciencia y Agricultura. 

Establece mecanismos para impulsar y regular la actividad productiva tanto para productos industriales a base de cáñamo (derivado del cannabis que no contiene o tiene baja cantidad de THC, que es la sustancia psicoactiva) como productos medicinales a base de cannabis. 

Se propone que el marco normativo favorezca el desarrollo público y privado de la cadena productiva con esta sustancia, otorgando autorizaciones a través de la creación de un nuevo organismo: la Agencia Regulatoria de la Industria del Cáñamo y del Cannabis Medicinal (ARICCAME). 

Fuente: Pagina 12

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