“ANTESALA AL FEMICIDIO”

Luz Chocobar Hernando fue ahorcada, asfixiada, abusada sexualmente y él continúa libre.

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Hoy contamos esta historia porque todavía podemos contarla y porque todavía nuestras vidas dependen de la Justicia aunque esta produzca y reproduzca en un círculo sin fin la misma violencia patriarcal que nos hace acudir a los Tribunales. Tucumán, provincia chica, infierno grande para las mujeres que han sido o están siendo violentadas.

El 13 de Agosto Luz Chocobar fue agredida físicamente, ahorcada y asfixiada, abusada sexualmente y amenazada de muerte por su ex pareja, Lucio Arriazu, quien también amenazó con matar a su hijo y su familia. La extorsionó con divulgar videos íntimos que había tomado de ella sin su consentimiento y durante estos tres meses que pasaron nunca dejó de buscar contacto con ella directa e indirectamente. Semanas previas al hecho la violencia se incrementaba cada vez más: zamarreadas, empujones y agresiones verbales se hicieron cada vez más frecuentes y más peligrosas. En el vínculo que mantuvieron, relata Luz, hubo muchos escenarios donde el consumo de drogas lo volvía sumamente peligroso y se normalizaban las expresiones de posesión y de control, siendo incluso empujada muchas veces a tener relaciones por el uso de la fuerza física que él usaba a su favor. La insistencia física y psicológica en un vínculo afectivo no es consentimiento.

Luz Chocobar. Foto de Facebook

Este dato no resulta nada menor teniendo en cuenta que, hasta la fecha, el agresor continúa ejerciendo control sobre sus movimientos y su cuerpo utilizando diferentes maniobras para someterla al miedo, la extorsión y la violencia psicológica. Ya le advirtió que “mandaría su gente”’ y haría uso de sus “contactos laborales” de alarmante procedencia.

Mensajes entre Lucio Arriazu y Luz Chocobar
Lesiones sufridas por Luz Chocobar

Se realizaron las denuncias correspondientes y se inició una causa, se adoptó una medida perimetral y consigna policial. Sin embargo, nada de esto bastó ni basta para que Luz este fuera de peligro. La familia de Arriazu desestima el hecho y ella continúa recibiendo mensajes y llamadas de números desconocidos que la agreden verbalmente, amenazan con callarla, violarla en manada y matarla. Le hicieron saber que está siendo vigilada y fue sobornada por el abogado del abusador, para levantar la denuncia en un claro ejercicio inconstitucional y nada ético con la víctima.

Intervino la Policía, Fiscalía, se hicieron informes forenses, pericias psiquiátricas para evaluar el daño, allanamientos en la casa del agresor y aun así, todos estos pasos que son el ABC que se les exige pasar a las mujeres víctimas de la violencia de género, parecen no alcanzar una unidad de significado y relevancia para la Justicia. Abuso de poder, amenazas, extorsión, acoso, prefiguran la antesala de los femicidios.

Parece lógico pensar que, con todas las pruebas y denuncias por violación de la perimetral, tendrían al menos que llamar la atención del fiscal subrogante, el Dr. Augusto Zapata, a cargo de la causa. Pero no, la única –y alarmante- respuesta que recibió Luz cuando interpeló a la Justicia por su inacción (“¿están esperando que me mate para hacer algo?“) fue: ‘la verdad que nosotros mucho no esperamos’. La misma institución descreída de su institucionalidad.

Desde que Luz hizo público su caso, al menos diez mujeres se pusieron en contacto con ella porque habían vivido situaciones similares con la misma persona. Hoy ella se encuentra aislada de sus afectos y privada de su libertad por la otra pandemia que lleva siglos entre nosotras: la violencia patriarcal que no cede ni un centímetro en su poderío y que cada vez muestra sus caras más perversas y brutales cuando se siente amenazado en el ejercicio de su lógica. Algo que quienes aún defienden este modelo social, cultural, político y económico, siguen invisibilizando y desestimando.

Las mujeres hemos tenido que posicionarnos políticamente desde lo más hondo de nuestra intimidad, exhibiéndola, para exigir nuestro derecho a una vida libre de violencias. Las redes de acompañamiento y contención resultan  porque todas alguna vez hemos sido violentadas, ya sea en ámbitos familiares, laborales, afectivos amorosos o espacios políticos, mediáticos y demás. En esa regla común nos encontramos y nos sabemos carne de cañón. No es victimización, es conocimiento de causa. Es  resistencia y lucha porque la perimetral no alcanza, porque nos matan en la calle y si no nos mata el femicida, nos matan los tiempos de la Justicia y la falta de voluntad política. 

Después del femicidio de Paola Tacacho el botón rojo de alerta se encendió para muchas mujeres que vienen siendo acosadas o amenazadas por un agresor que casi nunca resulta afectado por el escenario que genera para sus víctimas. Por lo contrario, refuerza su mandato de masculinidad mientras las mujeres se ven forzadas a adquirir nuevos hábitos, cambiar rutinas, abandonar espacios y cederle el terreno al agresor para auto garantizar su supervivencia. Cada día. Pero por más esfuerzos que hagamos, la mayoría de las veces resultan insuficientes.

‘Yo sé que físicamente él no me va a hacer nada’ había dicho Paola con 13 causas abiertas y ninguna respuesta en cinco años. Queda claro que la celeridad de la Justicia es lo único que puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte de las mujeres. La presión sobre esta institución sólo podrá ejercerla una sociedad consciente del  orden patriarcal que la domina y comenzando por denunciar la violencia de género, el control y el dominio que se ejerce sobre los cuerpos de las mujeres.

No queremos ni una menos.

Aquí el video de Luz relatando todo lo sucedido:

https://www.facebook.com/losprimeros.tucuman/videos/408291453890454

Belén Barcala

Tukamana – Mujeres Organizadas

bel_barcala@hotmail.com

Ventana del Norte

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