La contaminación ambiental en Tucumán se ve acentuada por la molienda de caña de azúcar en los ingenios. Estamos en época de zafra y ya se puede ver el hollín como protagonista del aire y suelo tucumano.
“Estamos en un momento muy difícil en la provincia”, manifestó el subsecretario de protección ambiental, ing. Marcelo Lizarraga.
El ingeniero explicó para Suena a Campo que tras la estación seca que estamos transitando, y sumado a la marcada influencia del cambio climático, la contaminación del aire “se está haciendo sentir”.
“Estamos con valores muy bajos de caudal en nuestros ríos, lo cual es preocupante. Además, la estación seca coincide con las dos zafras más importantes que tiene Tucumán, la cañera y la limonera. Esto produce el tránsito de numerosos vehículos por las rutas tucumanas y caminos vecinales, generando una nube de polvo. Sumado a la quema de caña y otro tipo de particulado que podemos encontrar en la atmósfera, nos genera una situación compleja”, explicó Lizarrága.
“Basta con subir al cerro San Javier y observar la nubosidad oscura con smog que cubre San Miguel de Tucumán. Nos encontramos a la espera de que alguna lluvia nos pueda aligerar el material particulado y polvo atmosférico- hollín y residuos de quema: de caña de azúcar, de pastizales y bosques nativos”.
Por otro lado, hubo varias denuncias de vecinos, y el caso particular de una niña que juntó el hollín para mostrar lo que pasaba en las cercanías de un ingenio de la provincia.
Quema de cañaverales, una práctica que hay que erradicar
“En cuanto a la quema de cañaverales, en algún momento fue una práctica auxiliar de cosecha, que vino a resolver en ese momento la eliminación del trabajo infantil en los surcos cañeros. La quema formaba parte del paquete tecnológico de aquel momento”, señaló Lizárraga cuando fue consultado por las causas y culpables de esta actividad ilegal.
“Los productores y los industriales vienen realizando esfuerzos para erradicar esta práctica. Hoy ya está demostrado que existe una pérdida importantísima de producción con la quema de los cañaverales. Asimismo, el rendimiento del cañaveral se observa, no solo de manera inmediata luego de la cosecha, sino también con el deterioro del suelo que compromete la futura producción”.
Uno de los logros de estos años de esfuerzos fue generar una norma local GAP específica para la caña de azúcar tucumana. Esta certificación, si bien es costosa y requiere de una logística especializada, permitió que hoy haya más de 50.000 hectáreas certificadas libre fuego en Tucumán.
“Esto no quiere decir que no haya productores que quemen su caña, pero no es la masividad que se veía antes en los años ́70. El año pasado, siendo un año muy seco y helador, solo se vio el 40% de la superficie quemada. A este tema hay que verlo en un contexto regional. De todas las aeroestaciones del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), 27 unidades ubicadas en diferentes provincias del país detectaron fuego. Es decir, este no es solo un problema de la caña de azúcar sino de otros cultivos también”, señaló.
Por otro lado, sucede que se queman las banquinas de manera controlada para evitar el costo del desmalezado. Cómo así también, se incendia basura, y colillas de cigarrillos mal apagados que provocan incendios. El problema es que cuando la caña está seca tiene un gran poder de combustión. También existe otra cuestión, no menos importante. La primera tecnología que utilizó el hombre, fue con el uso del fuego. “En ese marco tenemos una información ancestral arraigada en nuestro acervo cultural. Esto se puede comprobar cuando la vecina barre las hojas en la vereda y lo que hace es prenderle fuego. Lo mismo hacen todas las personas que no cuentan con una adecuada recolección de residuos, sosteniendo que el fuego tiene ese efecto purificador. En este contexto es muy difícil luchar contra está cuestión”, manifestó.
Lo primero es trabajar en la prevención. “Nuestra tarea es todo el año: durante la interzafra trabajamos en la información y anticipación para evitar que se sucedan todas estas cosas”; Cuando el delito de quema sucede en el periodo específico “lamentablemente nos toca actuar sobre acción sancionatoria o correctiva”.
Consultado por las recomendaciones para evitar la quema y mitigar los efectos de la contaminación atmosférica, Lizárraga dijo que “hay que cuidarse de prender fuego en cualquier lugar de la provincia, y sobre todo en las condiciones en las que nos encontramos actualmente”.
No se debe encender fuego, y en el caso de no contar con la recolección debida de residuos, debemos separarlos: los que tengan gran capacidad de combustión, hay que ubicarlos en un lugar seguro; y trabajar en el compostaje de todo lo orgánico. Inclusive esto permite mejorar las características del suelo y para nuestra propia huerta.
“Permanentemente estamos trabajando con defensa civil para combatir este flagelo que nos ocupa. En el día de hoy convocamos a una reunión con el secretario general de la gobernación para tratar el tema y tomar cartas en el asunto. Se trabajará en forma conjunta con las demás áreas de la provincia, incluso con la policía de Tucumán. Porque no nos olvidemos que la quema en las provincias es un delito tipificado en el código penal”.
Para finalizar la entrevista añadió: “esperamos que la gente comprenda que hay que des demonizar la actividad azucarera, que no es la responsable de todos los flagelos ocasionados en la provincia, existen muchos productores serios y preocupados que está trabajando junto a las instituciones públicas para mejorar la calidad en la producción de la provincia”.
fuente: Suena a campo
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