PARTE II
Retomando la reseña histórica de Miguel Caló vamos a decir que si bien su éxito más trascendente se relaciona con el tango de la década del cuarenta, su trabajo se inicia a fines del veinte y se consolida durante los años treinta.
El cuarenta nos revela la madurez de este gran director, capaz de convocar a un conjunto de músicos jóvenes de extraordinaria capacidad y solvencia, que con el tiempo pasaron a formar, todos ellos, sus propias agrupaciones.
Basta citar a Domingo Federico, Armando Pontier, Carlos Lazzari, Eduardo Rovira, Julián Plaza, José Cambareri (bandoneones), Enrique Mario Francini, Antonio Rodio, Nito Farace (violines), Ariel Pedernera y Juan Fassio (contrabajo y Alfredo Dalton (cantor).
En esta segunda etapa Caló desarrolla y profundiza todo un estilo que une el tango tradicional con la renovación de su época, sin estridencias, con una destacada presencia de los violines, una línea de bandoneones rítmica y un piano, espectacular, ejecutado el primer año por Osmar Maderna, quien fuera reemplazado después por Miguel Nijensohn, en su regreso a la orquesta.

Miguel Caló fue una de las figuras más representativas de la década del cuarenta. Su estilo sobrio, depurado, elegante, siempre estuvo atento a las exigencias de la vanguardia y los requerimientos del gran público. Como todos los grandes directores de orquesta de su tiempo, llegó a ese lugar luego de haber recorrido una exigente carrera musical.
Miguel Caló no fue un compositor destacado, pero algunas de sus obras, en colaboración con Osmar Maderna (también autores de la letra), son increíblemente bellas tal los casos “Jamás retornarás” y “Qué te importa que te llore”, ambos llevados al disco con la voz de Raúl Berón. El tango “Dos fracasos”, con letra de Homero Expósito y la milonga “Cobrate y dame el vuelto”, letra de Enrique Dizeo, también fueron muy populares.
En 1961, junto a los bandoneonistas Armando Pontier y Domingo Federico, los violinistas Enrique Francini y Hugo Baralis, el piano Orlando Trípodi, y los cantores Raúl Berón, Alberto Podestá, Caló reconstituyó parte de la formación del cuarenta, denominándose Miguel Caló y su Orquesta de las Estrellas. Actuaron en Radio El Mundo con tanto éxito que grabaron en el sello Odeon 12 nuevos temas entre los meses de abril y junio del año 1963.
Tres grandes cantantes están presentes con Miguel Caló, ellos fueron Alberto Podestá, Raúl Berón y Raúl Iriarte. La trilogía se amplía con la presencia de Jorge Ortiz, Luis Correa y, en algún momento el gran Roberto Rufino. Podestá le dio su sello particular a la orquesta con temas como “El bazar de los juguetes” o “Bajo un cielo de estrellas”; Raúl Berón para muchos la escolta insustituible de Gardel consagró “Late un corazón” y “Azabache”. A Jorge Ortiz siempre se regresa cuando se quiere escuchar “A las siete en el café”, del mismo modo que Raúl Iriarte es imprescindible para interpretar “La vi llegar”.
La orquesta de Miguel Caló será recordada por la ejecución del mejor tango, el que trasciende su tiempo y que hoy es valorada por sus grandes condiciones artísticas y por una pléyade danzante que la evoca permanentemente con las notas de “Sans souci”, quizás su interpretación emblemática.
Escribió los tangos instrumentales “Milonga porteña”, “Mi gaucha”, “Garabito”, “Todo es mentira”, “Ternuras” y “Campanita oración” y de tangos cantables como “Me llamo Anselmo Contreras”, “Si yo pudiera comprender”, “Que falta me haces” y “Como le digo a mi vieja”.

En colaboración con Osmar Maderna escribió la letra y música de “Jamás retornarás” y “Qué te importa que te llore” que fueron grabados por un gran cantor Raúl Berón. También compuso los tangos “Dos fracasos”, con letra de Homero Expósito y la milonga “Cobrate” y “Dame el vuelto” con letra de Enrique Dizeo.
Para los bailarines y los amigos de la buena música, el tema fetiche de Caló fue “Sans Souci”. Así como a Pugliese se lo recuerda por “La Yumba”, a Di Sarli por “Bahía Blanca”, a Maderna por “Lluvia de estrellas”, a Troilo por “Quejas de bandoneón” y a Piazzolla por “Adiós Nonino”, a Miguel Caló se lo relaciona con “Sans Souci”, compuesto por Enrique Francini y grabado por primera vez en 1944.
Quizás haya sido Miguel Caló quien entre los integrantes de la llamada “guardia del cuarenta” del tango haya logrado más plenamente el equilibrio del baile, tango y música.
Miguel Caló falleció en Buenos Aires el 24 de mayo de 1972. El infarto lo derrumbó casi en la esquina de Corrientes y Montevideo. Magia o destino, en esa misma esquina se había iniciado como profesional hacía más de treinta años, cuando después de las doce de la noche su orquesta iniciaba el rito nocturno del Buenos Aires de entonces.
Ing. Aldo O. Escobar



