Hoy nos toca describir a otro de los grandes músicos que tuvo el tango, y no me gustaría ser un pesado para el lector, es por ello seguramente vamos a hacer esta descripción en dos partes, comenzaremos diciendo que había nacido en el barrio porteño de la Balvanera, el 28 de Octubre de 1907, estudió violín y bandoneón y trabajó en orquestas de gran importancia desde 1926; ese año integró la línea de bandoneones de la orquesta de Osvaldo Fresedo y al siguiente la del pianista y director Francisco Pracánico. Además fue un director de orquesta, compositor y bandoneonista.
Los Caló, como los Fresedo o los De Caro, fueron familias de músicos. Don José Caló y su esposa Natalia Pantano, tuvieron diecisiete hijos, seis de ellos varones y todos dedicados a la música. Los más destacados fueron Miguel y Roberto, pero no se puede dejar de mencionar a Armando, el contrabajista que en su momento integró la orquesta de Miguel. O Juan, que también llegó a dirigir su propia orquesta. La excepción a la regla, a la regla del tango se entiende, fue Salvador, quien se dedicó al jazz y se instaló en Estados Unidos.
Estamos entonces ante músicos de raza que se preocuparon por rendir y aprobar con excelentes calificaciones cada una de las asignaturas que el tango exigía en aquellos tiempos. Miguel se inició siendo un adolescente. La pobreza de su familia no le impidió estudiar música.
Sus primeras armas las hizo bajo las enseñanzas de José di Nápoli, del famoso Trío Gadeón. Di Nápoli fue quien lo recomendó a Osvaldo Fresedo y el joven, luego de ser sometido a un riguroso examen, pasó a integrar la selecta línea de bandoneones del “Pibe de La Paternal”.
En aquellos lejanos y memorables años de los cuarenta, uno de los lugares habituales frecuentados por el público tanguero fue el cabaret “Singapur”, ubicado en la esquina de Montevideo y Corrientes. En ese reducto de la noche, se podía disfrutar de una buena copa, de excelente y agradable compañía, y del privilegio de apreciar las dotes del Cachafaz, el mítico “bailarín compadrito”, en su momento de máximo esplendor.
Entonces, en ese selecto y exigente ambiente de tango, la figura estelar de la noche era la orquesta de Miguel Caló, integrada por los mejores músicos de la época.
Formó su primera orquesta en 1929, que luego disolvió para ingresar a la orquesta del pianista y poeta Cátulo Castillo con la que realizó una gira por España en la que también participaron los hermanos Ricardo y Alfredo Malerba y el cantor Roberto Maida.
De regreso en Buenos Aires formó una nueva orquesta con el bandoneonista Domingo Cuestas, los violinistas Domingo Varela Conte, Hugo Gutiérrez y Enrique Valtri, el contrabajista Enzo Ricci y el pianista Luis Brighenti, la que más adelante dejó para unirse a la orquesta de Fresedo con la que viajó a Estados Unidos.
En 1932 grabó por primera vez, registrando con la voz de Román Prince para el sello Splendid el tango Milonga porteña música de Caló y Luis Brighenti sobre letra de Mario César Gomila y el vals Amarguras de Miguel Nijensohn y Jaime de los Hoyos. Tanto ese año como el siguiente, Caló integró con Raúl Kaplún con violín y Luis Brighenti en el piano, el Trío Puloil, llamado así por la marca de un polvo limpiador que fabricaba el auspiciante de un concurso radial de cantantes que se transmitía por Radio Splendid en el cual el terceto acompañaba a los participantes.

En 1934 formó una nueva orquesta, con un estilo claramente influenciado por Fresedo y un sonido que recuerda a Di Sarli. En el conjunto estaba el pianista Miguel Nijensohn, quien dejó un sello que perduraría por siempre en su estilo, su instrumento tenía a su cargo encadenar las frases musicales, con una cadencia y un ritmo ideal para los bailarines. Cabe destacar el aporte del cantor Carlos Dante, con quien registró 18 temas de una relevante belleza.
Desde 1937 contó con Argentino Galván como arreglador y en 1939 incorporó como cantor a Raúl Berón. También Alberto Morel y su hermano Roberto Caló fueron cantantes en esa etapa. En 1942 los directivos de la emisora donde tocaba Caló le sugirieron que desvinculara a Berón porque no les satisfacía, pero en ese momento apareció el disco que habían grabado para Odeón el 29 de abril de 1942 con el tango “Al compás del corazón” de Domingo Federico y Homero Expósito y el vals “El vals soñador” con tanto éxito que los mismos directivos revieron su opinión.
A principios de 1943 Alberto Podestá dejó la orquesta de Miguel Caló para incorporarse a la de Pedro Laurenz; el letrista Oscar Rubistein, más conocido como Oscar Rubens le comentó a Caló sobre la labor de Raúl Iriarte y el director después de escucharlo cantar lo contrató para su orquesta que en ese momento estaba formada por los violinistas Enrique Mario Francini, Aquiles Aguilar, Antonio Bogas y Mario Lalli, los bandoneonistas, Domingo Federico, Armando Pontier, José Cambareri y Felipe Richiardi, el pianista Osmar Maderna y el contrabajista Armando Caló.
El 17 de mayo de 1943, grabaron el primer disco juntos, que llevaba en una de sus caras el tango “Es en vano llorar” de Oscar Rubens y Alberto Suárez Villanueva y en la otra a Jorge Ortiz cantando el tango “De barro”, de Sebastián Piana y Homero Manzi. El 10 de agosto de 1943 grabó dos tangos de Carlos Bahr que acertaron en el gusto del público, “Mañana iré temprano” y “Cada día te extraño más”.
Fue para Iriarte su época más brillante, que prosiguió hasta diciembre de 1945, durante el cual la orquesta de Caló grabó 43 temas, de los cuales solo 7 eran instrumentales; se recuerdan especialmente del período además de las nombradas, las versiones cantadas por Iriarte de “Marión”, “Nada”, “Tabaco y Trenzas” y la última, que fue el tango de Homero Expósito y Enrique Francini, “Óyeme”.

Iriarte fue el cantor que más grabaciones hizo en la orquesta de Caló. En 1943 se fue de la orquesta Domingo Federico y al año siguiente Raúl Berón dejó a Demare y retornó a la orquesta de Caló integrando con Iriarte una pareja de cantores que le permitió competir las orquestas más populares del momento, las de Juan D’Arienzo, Carlos Di Sarli y Aníbal Troilo.
A fin de 1945 Enrique Mario Francini y Armando Pontier se alejan de la orquesta para codirigir su propio conjunto, en tanto Maderna e Iriarte acordaron independizarse formando un binomio, pero al poco tiempo el cantor volvió con Caló en tanto Maderna debutaba con su propia orquesta en el café Marzotto.
Y dejemos para mañana el final de la historia de este gran Director de orquestas.
Ing. Aldo Escobar



