Carlos Dante Testori, era su nombre completo, había nacido en el barrio porteño de Boedo el 12 de marzo de 1906, era el menor de seis hermanos, su padre se llamaba Luis y su madre María Rufino, dicen que se inició desde pibe en el canto en la iglesia del barrio donde también se desempeñó como monaguillo, su infancia y adolescencia fue la de un típico chico de Boedo, el potrero, la esquina y la mesa de billar, esperaba ansioso el domingo para marcharse a patear una pelota de fútbol en los terrenos baldíos de Villa Dominico, y los atardeceres de barrio, recostado en la vidriera del almacén de la esquina como en los versos de Homero Manzi, silbando y canturreando tangos.
En esos años, conoció en el café del barrio a los hermanos Caló, una multitudinaria familia dedicada a la música y que luego, a través de Miguel, habrían de tener una importancia decisiva en su carrera como profesional, de familia modesta, trabajó de empleado en la casa La Piedad y después, gracias a los favores de su pinta, fue modelo en la tienda Los 49 Auténticos.
Estudiaba y trabajaba de aprendiz en un taller, cuando un amigo de su padre, advirtiendo las condiciones vocales del muchachito, lo vinculó a un grupo de teatro profesional, y de allí su gran oportunidad, para debutar profesionalmente como cantor de la orquesta de Francisco Pracánico, inaugurando el 16 de agosto de 1927 el cine Astral, de Corrientes angosta, actualmente teatro Astral, Carlos Dante (eliminó su apellido), debutó inaugurando la sala del cine – teatro.
Tal vez, los primeros pasos como profesional los haya dado en el cine Astral, donde intervino como estribillista en funciones donde entre otras cantantes estaba Carlos Gardel, en escenarios donde lucía sus atributos musicales la Jazz Band González, fue un popular cantor dedicado al género del tango que integró diversas orquestas, incluyendo un brillante ciclo de trece años en la dirigida por Alfredo de Ángelis, estuvo casado desde 1928 con Celia Alonso.
Luego acompañó a la orquesta a una gira por la ciudad de Mar del Plata y al regresar a la capital, se sumó a las huestes de “Los Siete Ases”, capiteneados por Anselmo Aieta, junto a Luis Visca, Juan D’Arienzo, Cuervo, Navarro, Ferrazano y Corletto. Con esta orquesta trabajó en los cantables en las noches del “Cine Hindú” de la calle Lavalle.
En 1928, registró con la orquesta “Esta noche me emborracho”, “Callejas solo”, “Siga la farra” y “Quejas del suburbio”, mientras que con guitarras grabó entre otros tangos: “Que vachaché”, “Adiós muchachos”, “Chirusa”, “El camino de Buenos Aires”, “Critica sexta”, “Alondra” y otros títulos más.

No solamente triunfaba la instrumentación de las versiones, sino que los europeos, gustaban de la voz de Dante, como de la de Carlos Gardel. No es menor el dato de que fuera Dante quien reemplazó a Gardel en París, cuando el zorzal dejó el “Empire”, para pasar a España y luego volver a la Argentina.
En varias ocasiones, Dante cantaba a dúo con Rafael Canaro como en los tangos: “Ya no cantas chingolo”, “Zaraza”, “Margaritas” o “Mama yo quiero un novio”, como también grababa como solista acompañado por la guitarra de Rafael, de esa manera, el vals “La pulpera de Santa Lucía” fue un éxito en la voz de Dante, acompañado por la guitarra del hermano de Canaro, ese disco recorrió medio mundo, editado por numerosas casas fonográficas del orbe.
De hecho, Carlos Dante fue elogiado profusamente por la prensa europea, y contratado para grabar discos junto a Rafael Canaro en memorables placas cantables, cuatro años en París, Madrid, Lisboa, Roma, Atenas, contaba Carlitos que al término de su actuación, una noche, en El Garrón de Montmartre, con la orquesta de Manuel Pizarro, se aproximó un distinguido caballero, expresándole en correcto castellano: «Lo escuché con mucha atención.
Es usted un excelente cantor de tangos. No cambie nunca su manera de cantar. Al tango hay que decirlo, no gritarlo». Aquel distinguido caballero era el famoso barítono de la lírica italiana de todas las épocas, se llamaba Titta Ruffo, y Carlitos Dante adquirió reconocido prestigio cantando siempre así, casi a media voz, siempre, en todo el largo recorrido artístico de su prolongada trayectoria.
Entre 1935 y 1936, la dupla Caló-Dante cosechó numerosos laureles y grabaron otras tandas memorables de discos “Odeón” contando entre otros éxitos con los tangos “Los años pasan”, “Serpentina de esperanzas”, “Si volviera Jesús”, “Voluntad” y “Caballo de calesita”, entre otros, como también valses, pasodobles y rancheras.

Para esos años, entra a trabajar en las oficinas de YPF, en muy favorables condiciones de contratación, con excelentes perspectivas de una ventajosa carrera administrativa, estuvo aferrado 17 años a la empresa, pero para los biógrafos sigue siendo un misterio cómo el hombre pudo compatibilizar los horarios exigentes de YPF con su labor tanguera, pero lo cierto es que lo hizo y la leyenda cuanta que en algún momento el presidente Perón intervino para ayudar que la burocracia estatal no asfixiara a uno de los grandes cantores de su tiempo.
Se estima que con De Ángelis, Dante grabó alrededor de ciento cuarenta canciones, allí quedaron registrados sus grandes temas, entre los que merecen destacarse “Lunes”, “Remembranzas”, “Allá en el bajo” “Mocosita”, “Carnaval”, “La brisa”, “Melenita de oro” y “Ya estamos iguales”. La última actuación con De Ángelis, la hizo en los bailes de carnaval del Club Provincial de Rosario.
Después vino el breve ciclo con Oscar Larroca y su prolongado recorrido como solista hasta su retiro a fines de diciembre de 1974, luego de casi cincuenta años de recorrer los más variados escenarios acompañado por un público que le fue leal hasta su último día y que asoció la palabra “tango” con su estampa y su voz, durante todo ese tiempo, Dante fue acompañado por músicos de la talla de Víctor Braña, Jorge Dragone, Roberto Panssera, Aquiles Ruggero y Oscar de la Fuente.
Carlitos Dante nos dejó el 28 de Abril de 1985, era domingo y llovía, para entrar en la inmortalidad como uno de los mejores cantores de la época de oro, a los ochenta años recién cumplidos, luego de una trayectoria plena de adeptos bien ganados y de ocupar un lugar inamovible entre los más destacados intérpretes de nuestra música de la ciudad.
Ing. Aldo O. Escobar



