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martes, enero 27, 2026
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Dos jóvenes brutalmente asesinadas, una acusada inocente y un perverso sexual que buscaba el dolor de sus víctimas

La historia y los interrogantes de un estremecedor hecho que marcó a España y que Netflix hizo documental

Sean todo oídos. O, mejor dicho, todo ojos. Porque para entender este caso policial, con varias víctimas muertas y vivas, hay que estar muy atentos. A lo largo de dos décadas, habrá muchos personajes por conocer. Intentaré que no se pierdan.

Rocío y Sonia, dos jóvenes asesinadas en años diferentes; Dolores, la pareja de la madre de una de ellas, condenada por un crimen que no cometió; King, un sádico asesino británico; Laura, la madre de Rocío, que sigue acusando a su ex; Cecilia, la mujer del monstruo que entregó evidencia clave. Ellos son los protagonistas de una trama que parece de película, pero que sucedió en la vida real de la España moderna y desnudó las terribles falencias del sistema judicial, la paupérrima investigación policial y los peligrosos preconceptos que pueden poblar el imaginario colectivo y presionar a las autoridades.

Todo comenzó cuando Rocío Wanninkhof, de 19 años y de origen holandés-español, fue asesinada en La Cala de Mijas, Málaga, en octubre de 1999. Su caso se convirtió en el más mediático del siglo XXI en la península ibérica. Teniendo una culpable condenada y presa, en 2003 la historia volvió a la palestra por otro asesinato que se le parecía y que logró poner a la policía sobre la pista del verdadero asesino. En 2008, la Televisión Española realizó una miniserie que se centraba en la figura de la primera acusada por el homicidio. Ahora, en 2021, regresa al primer plano porque Netflix estrenará un documental del género true crime que se titulará El caso Wanninkhof.

Nueve puñaladas para Rocío W.

El sábado 9 de octubre de 1999, Rocío Wanninkhof Hornos (de largo pelo castaño, gran sonrisa y 19 años) pasó la tarde en casa de su novio Antonio José Jurado. Hasta que decidió irse a su casa, ubicada a escasos 500 metros, para ducharse y cambiarse. Luego, se reencontraría con él y unos amigos en la Feria de Fuengirola. Rocío no llegó a la feria. El último en verla con vida fue un peatón ocasional a las 21:30.

A la mañana siguiente, su madre, Alicia Hornos, se percató de su ausencia. Le pidió a su otra hija, Rosa, que se hiciera una escapada hasta la casa de Antonio a ver si estaba allí. Pero él dijo no saber nada de Rocío y sugirió que podría estar durmiendo en la casa de alguna amiga.

Como no pudieron hallarla, Alicia denunció su desaparición a la Guardia Civil. La madre no perdió un minuto y salió a buscarla por el barrio. A pocos metros de una vereda, sobre un baldío, encontró las zapatillas de su hija y un pañuelo salpicados con sangre. Alertados los policías, siguieron el rastro hasta un descampado donde encontraron un gran charco rojo y huellas de un auto.El 2 de noviembre, en un terreno detrás del restaurante El Rodeíto apareció el cadáver de Rocío desnudo y en mal estado. Los forenses dictaminaron que tenía nueve puñaladas y que había sido rociado con líquido inflamable y quemado (Shutterstock)El 2 de noviembre, en un terreno detrás del restaurante El Rodeíto apareció el cadáver de Rocío desnudo y en mal estado. Los forenses dictaminaron que tenía nueve puñaladas y que había sido rociado con líquido inflamable y quemado (Shutterstock)

Cuatro días después, un taxista declaró haber esquivado en la zona, a las 22 horas de la noche anterior, a un automóvil que estaba atravesado sobre la calzada con las luces encendidas. Al hacerlo, sostuvo que escuchó un “chillido o grito” que procedía desde dentro del vehículo. Se asustó tanto que cerró las ventanas de su taxi y prosiguió su marcha inmediatamente. Las cosas podrían haber sido muy distintas si este hombre hubiese actuado con valentía e intervenido. Pasaron tres semanas sin noticias.

El 2 de noviembre, en un terreno detrás del restaurante El Rodeíto, a 39 kilómetros de donde Alicia había encontrado las zapatillas, apareció el cadáver de Rocío desnudo y en mal estado. Los forenses dictaminaron que tenía nueve puñaladas (ocho en la espalda y una en el pecho) y que había sido rociado con líquido inflamable y quemado. Eso impidió determinar si hubo o no violación. También hallaron unas manchas de semen y una colilla de cigarrillo aplastada. Cerca de la escena había, además, dos bolsas de basura negras con algunas pertenencias de Rocío, como dos remeras blancas. Las remeras estaban desgarradas como consecuencia de las cuchilladas. Faltaban su ropa interior y su pantalón.

Fuente: Infobae

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