A fines de marzo del año pasado, un estudio de laboratorio demostró que el coronavirus SARS-CoV-2 puede vivir durante varios días en plástico y acero inoxidable y desde ese momento se multiplicaron las noticias y las recomendaciones sobre como desinfectar absolutamente todo: desde el picaporte de la puerta, una mesa o el volante del auto hasta el paquete de arroz que acabamos de traer el súpermercado. Todo eso se coronó con una guía de la Organización Mundial de la Salud (OMS) donde explicaba que el nuevo coronavirus podía diseminarse por medio de superficies contaminadas.
Sin embargo, todos los estudios e investigaciones de los brotes de covid-19 alrededor del mundo indican que los contagios de coronavirus se producen de persona a persona y no por medio de las superficies. Es decir, que la inmensa mayoría de las transmisiones ocurre cuando personas infectadas arrojan gotas grandes y pequeñas partículas llamadas aerosoles cuando tosen, hablan o respiran y son inhalados directamente por quienes están cerca.
El microbiólogo de la Facultad de Medicina de Rutgers New Jersey Emanuel Goldman realizó un estudio sobre la evidencia del contagio a través de superficies contaminadas, llamadas fómites. A través de un comentario para la prestigiosa revista médica The Lancet Infections Diseases publicó sus resultados: hay muy poco que pueda apoyar la idea de que el SARS-CoV-2 pasa de una persona a otra a través de superficies.
Y Goldman no es el único. Son cada vez más los científicos que indican lo mismo y todos estos datos fueron recopilados en un extenso artículo de la revista Science. El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos indicó en una guía que emitió en mayo de 2020 que “no se cree” que la transmisión superficial “sea la forma principal de propagación del virus”. Ahora, la misma guía indica que la transmisión a través de superficies “no se cree que sea una forma común de propagación de COVID-19”.
La cuestión de enfocarse en las superficies y no en los aerosoles para prevenir los contagios llegó con el comienzo de la pandemia y a partir de lo que se conocía sobre otras enfermedades infecciosas, según explican algunas recopilaciones médicas citadas por el portal Infobae. Hay muchos patógenos que se aferran a las camas de hospitales y los estetoscopios médicos. Cuando el coronavirus se empezó a propagar, comenzaron los estudios para buscar en dónde podía haber rastros, y los había en todos lados.
Prácticamente todas las superficies parecían dar positivo en rastros de ARN del coronavirus: botellas de agua, barandas de camas, salidas de aire, canillas, mesas, lentes, cubiertos y una infinita cantidad de etcéteras. Sin embargo, Goldman indica que “la contaminación con ARN viral no es necesariamente motivo de alarma”. “El ARN viral es el equivalente al cadáver del virus. No es contagioso”, explica.
En sentido similar, el epidemiólogo Ben Cowling de la Universidad de Hong Kong, comenta: “El hecho de que no se pueda demostrar la viabilidad no significa que no hubo un virus contagioso allí en algún momento”.

Todos los estudios e investigaciones de brotes de covid-19 indican que la mayoría de las transmisiones son entre personas y no por superficies. /Foto: REUTERS
El riesgo real de contagio a través de superficies
Todo esto indica que, aunque haya experimientos que demuestren que el coronavirus puede sobrevivir en superficies, esto no quiere decir que vayamos a contagiarnos por tocarlas. Aunque los científicos no sacan conclusiones absolutas, Goldman y muchos de sus colegas advierten sobre la lectura excesiva de los estudios de supervivencia de virus, ya que la mayoría de ellos fueron pruebas de laboratorio realizadas con cantidades enormes de virus, que no se encuentran en el mundo real.
Entre abril y junio de 2020, un equipo de investigación de la Universidad de Tufts en Medford, en Massachusetts, tomó muestras semanales de superficies internas y externas de la ciudad. En base a los niveles de contaminación por ARN y a la frecuencia con la que las personas tocaban esas superficies los investigadores estimaron que el riesgo de infección por tocar una superficie contaminada es menos de 5 en 10.000, incluso menor que el riesgo de transmisión superficial de influenza o norovirus. “La transmisión de fomite es posible, pero parece ser poco común”, comentó Amy Pickering, una de las investigadoras.
Es así que, con un año de datos sobre coronavirus, los investigadores tienen algo claro: que son las personas y no las superficies el principal motivo de preocupación a la hora de pensar en contagios de covid-19.
¿Por qué, entonces, seguimos desinfectando?
Con la evidencia científica que demuestra que la principal vía de contagio del coronavirus Sars-CoV-2 es entre personas y no lo es ni remotamente a través de superficies, una gran pregunta es por qué seguimos desinfectando hasta el infinito las llaves de luz y los paquetes de galletas después de comprarlos.
La respuesta, indican científicos, es que es más fácil limpiar superficies que mejorar la ventilación, sobre todo en invierno. Y que los consumidores buscan y esperan protocolos de desinfección. Así, todos – los gobiernos, las empresas, las personas en sus casas – invierten tiempo, esfuerzo y dinero en una desinfección profunda que no sirve para evitar la mayoría de los contagios de covid-19.
Sin embargo, los especialistas aclaran no pueden descartar la posibilidad de transmisión a través de superficies pero lo que sí recomiendan y creen que tiene sentido es reforzar las recomendaciones en el lavado de manos.
De hecho, hay investigadores que rechazan por completo el enfoque de la prevención en la limpieza de superficies. En un artículo de opinión publicado en The Washington Post en diciembre la ingeniera Linsey Marr de Virginia Tech, que estudia la transmisión de enfermedades por el aire, le rogó a la gente que disminuyera el esfuerzos en la limpieza. “Está claro que la transmisión por inhalación de aerosoles, las gotitas microscópicas, es un modo de transmisión importante, si no dominante,” escribe Marr y advierte que “la atención excesiva en hacer que las superficies sean impecables requiere un tiempo y recursos limitados que se gastarían mejor en la ventilación o la descontaminación del aire que respiran las personas”.
“La evidencia de eventos de superpropagación, donde numerosas personas se infectan a la vez, generalmente en un espacio interior abarrotado, apunta claramente a la transmisión aérea”, señala Marr y agregar que hay que “inventar algunos escenarios realmente complicados para explicar los eventos de superpropagación con superficies contaminadas”.

El riesgo de infección por coronavirus al tocar una superficie contaminada es menos de 5 en 10.000, dicen los científicos. /Foto: REUTERS
Cuáles son las medidas que sí funcionan
Como no se puede descartar la transmisión superficial del todo, Marr destaca que lavarse las manos es fundamental, pero subraya que lo más importante es mejorar los sistemas de ventilación o instalar purificadores de aire que esterilizar superficies.
Una higiene de manos razonable, el uso de una mascarilla – barbijo o tapabocas – y el distanciamiento social es donde deberíamos concentrar los esfuerzos para evitar la propagación del virus.
En su guía actualizada el 20 de octubre, la OMS dice que el virus puede propagarse “después de que las personas infectadas estornuden, tosen o toquen superficies u objetos, como mesas, picaportes y pasamanos”. Uno de sus voceros dijo a la revista Nature que “hay pruebas limitadas de transmisión a través de fómites. No obstante, la transmisión por fómites se considera un modo posible de transmisión, dado el hallazgo constante de contaminación ambiental, con identificación positiva del ARN del SARS-CoV-2 en las cercanías de personas infectadas con el SARS-CoV-2“.
Goldman, el microbiólogo que tanto estudió el coronavirus en superficies, usa su mascarilla de tela cuando sale de casa. Pero no toma precacuciones especiels con relación a las superficies. Sí, dice, refuerza la importancia de lavarnos las manos para protegernos “haya o no pandemia”.
Fuente: Todo Jujuy



