El candidato del Partido Demócrata ganó una elecciónmucho más pareja de lo que se esperaba. Por su personalidad y sus antecedentes, encarna una forma de ver y entender la política radicalmente distinta a la de Trump, pero no le resultará fácil impulsar muchas de las reformas que pretende el ala izquierda de sus votantes
Para tener una pista de qué puede empezar a cambiar en los Estados Unidos tras el triunfo de Joe Biden en las elecciones presidenciales basta comparar su reacción con la de Donald Trump en las dramáticas horas posteriores al cierre de los comicios. Como hizo durante cuatro años, el mandatario –ahora saliente– rompió todos los precedentes al irrumpir de madrugada en la Casa Blanca para decir que él ya había ganado, que las autoridades electorales debían dejar de contar los votos y que se estaba cometiendo un fraude que iba a impugnar ante la Corte Suprema. Casi al mismo tiempo, con el tono calmo que lo caracteriza, Biden pedía paciencia.
Los estilos, las personalidades, las formas de comportarse en la escena política no podrían ser más contrastantes entre el presidente que se va y el que llega a la Casa Blanca. Esa diferencia, que ya se nota y que se acentuará a medida que comience una transición que se espera tortuosa, es sin dudas lo que marcará el ritmo de los primeros días del gobierno de Biden.
Foto del martes de Biden hablando a sus seguidores en Wilmington (REUTERS/Kevin Lamarque)
Por supuesto, también se espera que haya cambios importantes en materia de políticas públicas. Las prioridades que Biden y el Partido Demócrata plantearon en la campaña son muy diferentes a las que tuvo Trump en sus cuatro años como presidente, al igual que el enfoque de cada uno ante los grandes temas. Pero es cierto que la capacidad del flamante gobierno de poner en práctica muchas de las transformaciones que prometió no dependen solo de su voluntad. Un Congreso que amenaza con seguir trabado en muchos aspectos y la Corte Suprema más conservadora en mucho tiempo pueden ser un obstáculo infranqueable para esos objetivos.
Y también hay muchas cosas que no van a cambiar, porque ni siquiera dependen del poder político. Las elecciones no solo sirvieron para cambiar al inquilino de la Casa Blanca, también para evidenciar que el país sigue profundamente dividido. Lo apretado del resultado, incluso con una afluencia récord de votantes, revela que así como una mitad de la población parecía decidida a sacar a Trump como fuera, la otra mostró sentirse muy representada por el líder republicano. Esa división, que promete quedarse muchos años más, impregnará todas las decisiones de gobierno en el período presidencial que se abrirá el próximo 20 de enero.
Fuente Infobae



