“Yo no medito así que me refugio en otras partes de mi día para sentirme meditativa, como mi rutina de café y desayuno“, escribió en un correo electrónico Nina Zorfass, una publicista de 30 años que reside en la ciudad de Nueva York. ¿Y cuál es su técnica? Desayunar en silencio absoluto. Cuando comenzó esta práctica hace ocho años, Zorfass se percató de que se sentía más preparada para el día y tomaba decisiones más sanas sobre su dieta. Ahora, debido a la pandemia, ha llegado a depender de esos minutos para recargar energía, ya que vive con su pareja en un hogar pequeño donde ambos están trabajando. “En nuestro departamento es difícil encontrar un espacio para estar sola”, dijo.
Comer en silencio es una práctica antigua que tiene raíces en muchas comunidades monásticas. “Budistas, místicos celtas, sufis, místicos vedas”, dijo Ginny Wholley, maestra en el Center for Mindfulness del Centro Médico de la Universidad de Massachusetts. “Todos tienen un componente de silencio que es una parte inherente de la práctica”.
En 1979, Jon Kabat-Zinn fundó ese centro para promover y estudiar los beneficios de realizar prácticas como esta en un entorno secular, en parte porque es un desafío. El concepto de desayuno silencioso es bastante simple: concentrarte en tu comida, en silencio, y lidiar con las ideas que te vengan a la mente. Pero es más difícil de lo que parece.
“Nuestra sociedad aprovecha la dificultad y complejidad, porque entonces ‘vale más’”, dijo Cristie Newhart, la decana de la escuela de yoga en Kripalu. “Al inicio, cuando estás aprendiendo a estar más presente, es como: ‘¿Presente con qué? ¿Qué hago?’. Al comer de manera consciente, estás centrando toda tu atención en la comida”, agregó.
Ravi Kudesia, investigador de conciencia plena y profesor adjunto en la Escuela de Negocios Fox de la Universidad Temple, dijo: “Una de las cosas más curiosas de comenzar a practicar la conciencia plena es que cuando silenciás el ruido externo, empezás a escuchar más el ruido interno. Si no estás acostumbrado a esto, puede ser desagradable. La idea es que es mejor notar los susurros antes de que se vuelvan gritos”.
Para Deborah Vaphides, de 62 años, comenzar sus mañanas con una rutina silenciosa varios días a la semana la ayuda a sentirse más centrada durante el día. Se sienta cerca de su ventana y contempla los haces de luz matutina, mientras hace sus ejercicios de respiración profunda.
“Durante décadas me acostumbré a oír las noticias todas las mañanas”, dijo Vaphides. “Ya no más. Ahora sé que las noticias me encontrarán sin importar a dónde vaya. La imagen de la luz cambiante que veo en mis mañanas silenciosas se queda conmigo todo el día, y regreso a esa tranquilidad cuando la necesito”, sostuvo.
Resulta que esta paz está muy relacionada con nuestra respuesta física. “Cuando estamos en silencio, nuestros cerebros y cuerpos reaccionan como si estuviéramos meditando”, explicó Lauraine Hollyer, psicóloga clínica. “El cortisol, que está relacionado con el estrés, disminuye en el flujo sanguíneo. La presión arterial, el ritmo de respiración y cardíaco también disminuyen. Podemos concentrarnos y recordar con mayor facilidad”, indicó.
“Cuando me siento sola, siempre tengo la sensación de que necesito algo externo para llenarlo: otra persona, otro compromiso o ir para algún lado”, dijo Barbara Vacarr, directora ejecutiva de Kripalu. Y agregó un punto importante para quienes no tienen mucho tiempo debido al cuidado de los niños u otras obligaciones: “No se puede hacer esto a la perfección. El punto es elegir un día, o algunos días a la semana, y ver cuál es la mejor manera de integrar esa práctica”. Por ejemplo, las silenciosas mañanas de Vacarr se vieron alteradas porque la familia de su hija se mudó con ella durante la pandemia. Entonces, a veces, ella se retira a su habitación con un té. Otras veces, intenta incluir a sus tres nietos. “No dura mucho, pero a los niños les encanta el ritual”, dijo. “Desayunar juntos, en silencio, se convierte en nuestro evento especial”.
Fuente La Nación



