La medida supone un recorte de 47 enfermedades de un total de 130 contempladas en el sistema anterior. Cuáles quedan afuera, quién gana y quién pierde
La Superintendencia de Servicios de Salud diluyó hace unos días el Sistema Único de Reintegros (SUR) y en su lugar creó el SURGE, el Sistema Único de Reintegros por Gestión de Enfermedades. Ambos corresponden a un programa de apoyo a las obras sociales, de modo que recuperen parte de lo gastado en atención a pacientes con enfermedades consideradas “de alto costo”. Debajo, los aspectos a favor y en contra de este cambio.
El anuncio salió en el Boletín Oficial a través de la resolución 731, el 28 de marzo. A grosso modo, la Superintendencia busca modernizar un circuito de reintegros que existe desde 2012, pero que quedó anticuado, ya que toda la documentación debía presentarse en formato “papel”.
Aunque aún no está operativo, el SURGE implementará una plataforma de gestión digital que, se supone, hará más expeditivos los procesos.
Además implicará un cambio de paradigma: los reintegros se centrarán en las enfermedades propiamente dichas, y no en una lista de medicamentos para tratarlas, cuya actualización, como es fácil imaginar, tenía el problema de siempre correrle de atrás al acelerado avance de la terapéutica.
Al margen de estos ítems, el SURGE vino con una sorpresa. Nada menos que un recorte de 47 enfermedades, de las 130 que estaban contempladas para reintegro en el marco del SUR.
Salud, obras sociales y reintegros
Es notable que para contar periodísticamente una modificación en un programa de salud, todas las fuentes (cuatro) coincidan en pedir hablar off the record.
Desde la esfera oficial discutieron la idea de un “recorte”. Por varias razones.
La primera es que -dijeron- los medicamentos y tratamientos de alto costo suponen un escenario dinámico que, a los ojos de las autoridades, había que redefinir. Se hizo priorizando las patologías más prevalentes.
La segunda razón (en línea con lo anterior) es que las enfermedades quitadas del SUR (ahora SURGE) tenían muy baja tasa de utilización, de modo que no representaban el presupuesto más grande del programa.

Informaron que, en base a un análisis reciente, las patologías contempladas en el SURGE representan el 97% del monto plasmado en los expedientes iniciados por las obras sociales en sus pedidos de reintegro.
Estos puntos confluyen en una afirmación que, señalan, debería aportar tranquilidad, y es que los cambios implementados no tendrían que repercutir en los pacientes.
Hay que aclarar que los pedidos de reintegro a la Súper solo se pueden iniciar una vez que la medicación o el tratamiento en cuestión fue efectivamente pagado por la obra social.
Si bien esto protege al paciente de sufrir los tiempos de la burocracia institucional, no es ilógico preguntarse si la reducción en el número de enfermedades del SURGE podría generar algún perjuicio (directo o indirecto) a los pacientes de las casi 50 patologías que quedaron afuera del programa.
Por más que en pesos sean solo un 3%, ameritaría un exhaustivo análisis paralelo indagar en el número de pedidos registrados en relación a esas patologías. O si directamente varias de ellas ya no son consideradas “de alto costo”.
Pero, si bien el contexto no ayuda (las quejas y litigios por incumplimientos de las entidades de salud son materia corriente en las noticias), las fuentes consultadas, en general, coincidieron en que las chances de que se genere un brote de conflictos son bajas.
Las reglas de las obras sociales
Hay que aclarar que si el tratamiento de alto costo tiene autorización de la ANMAT y del Ministerio de Salud, y un médico justifica la necesidad de acudir a esa vía terapéutica, la obra social debería pagarla, vaya a tener el reintegro de la Súper o no.
No obstante, una de las voces del sector matizó el asunto al afirmar que, “si la disminución de enfermedades con reintegro se traduce en que los mismos montos que tiene disponible el sistema se van a repartir en una menor cantidad de patologías, es probable que la cobertura mejore en esas que están en el programa, pero también, que se deteriore el reintegro de las que no están”.
Como ejemplo de las casi 50 que “no están” vale mencionar algunas: cáncer de ovario, hepatitis B, cáncer gastrointestinal, leucemia de células vellosas, leucemia linfática crónica, linfoma de células del manto y linfoma no Hodgkin folicular.
Aunque la versión oficial es que de ser necesario podría modificarse la lista, la fuente anterior fue clara: “Cada vez que se desfinancia el sistema de salud, hay un impacto en las coberturas”.

El cambio del SUR al SURGE, aun con su recorte de enfermedades, no debería generar un efecto negativo en la gente porque el sistema, de todos modos, ya estaba quebrado y los reintegros se venían cobrando con mucha demora y una actualización por inflación casi nula.
En la esfera oficial no se niega la quiebra. Se hizo una “priorización” (hay una “lógica presupuestaria detrás”, esbozaron).
Y, como las otras fuentes consultadas, se esbozó la idea de que el SURGE (más acotado cuantitativamente pero enfocado en las enfermedades de alto costo más importantes), dota de “realismo” al sistema.
Las enfermedades de alto costo
Si todo este asunto amerita tantas líneas es porque los tratamientos de alto costo ganaron terreno en los últimos años.
Es un problema tan grande, que a las drogas de alto costo le llaman “medicamentos catastróficos”, dado que implican una carga tal, que podría acabar con la economía de una familia.
Desde una entidad de medicina explicaron a este medio que “hace 15 años, las ‘catastróficas’ representaban el 10% del gasto de las obras sociales y ahora son el 30%. Pero si se considera que la torta de los aportes se achicó, llegan al 40%”.
Hace al menos dos años que el Fondo Solidario de Redistribución es deficitario, afirman en el ámbito oficial. La falta de sustentabilidad del sistema de salud es aceptada por todos.
fuente LP



