“Recuperar la identidad es algo hermoso”: la emoción de Juan José, el nieto 132

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El tucumano de 47 años fue anunciado como el nieto 132 restituido por las Abuelas de Plaza de Mayo. Una familia cercenada por el terrorismo de Estado y una lucha por la identidad que aún no termina: “Espero que no me lleve mucho tiempo completar mi historia”.

El tono de su voz lo revela y sus palabras no hacen más que confirmarlo. Hace apenas unas horas atrás, las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaban que es el nieto 132 cuya identidad logra ser restituida. El tucumano Juan José Morales no puede ocultar las sensaciones que lo embargan en estos momentos en que empieza a encontrarse con una parte esencial de su historia personal: “Es un día cargado de mucha emoción. Estoy disfrutando recuperar la identidad que es algo que busco desde hace mucho”

 “Hace aproximadamente 20 años que empecé con esta búsqueda. La curiosidad era inmensa hasta que me pude contactar con las Abuelas. Tardo bastante tiempo, pero, por suerte, llegamos adonde esperaba”, comenta Juan José a eltucumano.com en el día en que recibió la confirmación del Juzgado Federal 1 de Tucumán de que no es hijo de la familia que lo crio como propio en esta provincia. Quienes lo criaron son los dueños de una finca en la que trabajaba su madre, Mercedes del Valle Morales, detenida desaparecida en Monteros en 1976 cuando tenía 21 años. Cuando secuestraron a su madre, él tenía apenas nueve meses de vida. 

Juan José vive actualmente en San Miguel de Tucumán y tiene 47 años. Trabaja como albañil, en el rubro panadería y en lo que se le presente. Está casado, tiene dos hijas y hoy empezó a cerrar una historia marcada por las ausencias, el desconocimiento y el terror de la última dictadura militar. “La verdad que desconocer la identidad es algo que cuesta y reconstruirla, mucho más, por suerte pude llegar a esta etapa y hoy puedo decir que yo soy Juan José Morales y esta es mi historia”, remarca. 

El ovillo de esa historia personal comenzó a destejerse en 2004 cuando sus hermanos de crianza, una vez que fallecieron sus padres adoptivos, le revelaron que no era hijo de quienes lo habían criado y le entregaron su DNI original. Con toda esa información, Juan José se dirigió a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CoNaDI) para indagar sobre su origen biológico: “Tenía mis sospechas por la edad avanzada de mis supuestos padres. Me generaba alguna duda, pero era bastante chico todavía y no dimensionaba todo esto”

Recién en 2008, Juan José pudo constatar que Mercedes del Valle Morales, quien figuraba en su DNI como su madre, efectivamente lo era. Ella había sido secuestrada junto a parte de su familia el 20 de mayo de 1976 en Monteros. Ese día, también secuestraron a sus abuelos, Toribia Romero de Morales y José Ramón Morales. Cuatro días después, la misma suerte corrieron sus tíos José Silvano Morales, Juan Ceferino Morales y Julio César Morales. Actualmente todos ellos se encuentran desaparecidos.

Tiempo después, el Equipo Argentino de Antropología Forense logró identificar los restos de Mercedes del Valle Morales en el Cementerio Norte de Tucumán: “Recibí los restos de mi madre y la ceremonia se hizo en Monteros, su tierra natal. Me contacté con mis primos y tíos y suelo visitarlos… Es una familia muy numerosa”. 

Si bien el nieto 132 recorrió un largo camino para poder dar con su verdadera identidad y conocer la dramática historia de su familia biológica, todavía le resta saber quién es su padre biológico. Esa es la parte del rompecabezas que aún le falta reconstruir y se ilusiona con la posibilidad de lograrlo pronto: “Está cerrada la mitad de la etapa y ahora comienza la otra mitad. Espero que no me lleve mucho tiempo para completar mi historia”. 

“La verdad que reconstruir la identidad no es fácil. Es un camino difícil, pero no imposible. Aliento a las personas que tengan dudas al respecto de que hagan las averiguaciones, vale la pena recibir la verdad y recuperar la identidad es algo hermoso. Es algo que emociona y motiva a seguir intentando y seguir descubriendo quién es uno”, cuenta Juan José y la emoción su vuelve palpable en la cadencia de sus palabras. 

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fuente: el tucumano